Camilo se acercó con pasos lentos, cargados de una emoción que apenas podía ocultar. Sus ojos se humedecieron al verla tan cerca, tan real. Durante años había deseado este momento, y ahora que la tenía frente a él, no pudo contenerse más. Se inclinó hacia Bella, la rodeó con sus brazos y la abrazó fuerte, como quien intenta recuperar en segundos todo el tiempo perdido. — Te he buscado toda la vida, sobrina. Toda la maldita vida. — Susurró con la voz rasgada. — Eras una niña y ahora eres una mujer. Y estás aquí, y estás bien... — Bella, aún con las lágrimas corriéndole por las mejillas, lo abrazó con fuerza. Por primera vez, el nombre “familia” empezaba a tener otro sabor. Fue entonces cuando Magnus apareció en la entrada, imponente y elegante, observando desde la distancia con cautela. A

