Bella. Él me miró en silencio. Una parte de mí pensó que iba a gritarme. Otra, que se iba a ir sin decir una palabra. Pero lo que hizo... lo que hizo fue lo peor. Sonrió. — ¿Terminaste? — Dijo con voz grave, divertida. No respondí. Solo lo miré, desafiándolo, como si pudiera ganarle en su propio juego. — Perfecto. Porque ahora me toca a mí. — Se acercó despacio. Maldito arrogante hermoso. Caminaba como si no le pesaran los pecados que carga encima. Se detuvo a menos de un metro, lo suficiente para que yo sintiera su olor. Ese perfume amaderado que me enciende como una idiota. — ¿Quieres ropa bonita? — Preguntó con una ceja alzada. — Te voy a traer ropa de diseñador. Lencería de encaje, tacones de aguja, cremas de oro si es necesario. — Tragué saliva. — ¿Perfumes? Te voy a traer tantos q

