José Ambrosio Velásquez. Suena a calle de ciudad. Pero está lejos de serlo, salvo que alguno de los muchos que se atravesaron en su vida ose tramitar su nombre bajo los rótulos logrados, su recato y decencia, para que el galardón de ser parte histórica de la ciudad se haga una realidad. Llegar a mi nuevo hogar, allá por 1982, tuvo aristas que movilizaron mi adolescencia: nuevas costumbres, nuevos olores y el trabajo denodado de hacer nuevos amigos. Era lanzarme a una aventura difícil y complicada. Era como salir a ofrecer mi corazón, casa por casa, en busca de amistades. En el único teléfono público del único almacén que había en el barrio - en donde obviamente se conglomeraban los pocos residentes para realizar sus compras y para efectuar sus llamados- conocí a Daniel. Él se

