Me desperté esa mañana inquieto, incómodo. Después de pensar y volver a pensar, de atar cabos y desatarlos para volverlos a unir, de hablar entre dientes conmigo mismo mientras me fascinaba con el espectáculo que afuera brindaba lo desapacible del domingo, y de repasar una y otra vez el guion a modo de discurso que venía preparando durante unos cuantos días para explicarle a mi madre el porqué de haberme ausentado tanto tiempo, me decidí a venir hasta el cementerio de Palo n***o, cincuenta por ciento por voluntad propia y el otro cincuenta por deseos del destino. Sin lugar a dudas hoy era el día marcado, y en lo vivido hasta este momento junto a Melina, quedó determinado de que así debía ser nomás. Y si no estuve preparado al ciento por ciento para afrontar a mi madre y darle l

