Alejandro Mi alma que había abandonado mi cuerpo regresó; solté todo el aire retenido en un suspiro y miré a esa morenita quien se había quedado dormida. Estas fueron las veinticuatro horas más horribles de toda mi vida y seguro serían las de ellas, no había comido nada, mi mente pensó y pensó en Anahi y mi hijo todo el tiempo. Mi cuerpo estaba concentrado en un solo objetivo, traerlos de vuelta a casa. Llegamos y la llevé en mis brazos adentro, la deposité sobre la cama y fui a baño a preparar la ducha. Debía borrar toda huella de ese tipo sobre la piel de mi mujer, quería que se relajará, así que puse el agua tibia agregue unas sales y esencias, encendí unas velas, puse algunas rosas en el agua y fui a buscarla, sabía que tendríamos unas horas a solas antes de que llegara su amiga Paul

