— Si, pero mi padre tuvo un contratiempo en la empresa de Nueva York. Tuvo que viajar de emergencia. Yo estaba a solo unas horas de vuelo y me pidió que viniera a cuidarte. Así no te quedarías sola con el personal de servicio.
¿Qué? ¿Jace tuvo que cancelar sus vacaciones por mi culpa? Debe estar muy molesto conmigo. Puede que lo esté disimulando y de verdad me odie por eso. De solo pensarlo me hace sentir muy mal. Quería que se llevara bien conmigo y me quisiera. Pero ya lo veo muy difícil.
— Lo siento.
Unas lágrimas se escapan de mis ojos sin forma de poder contenerme. Jace suelta el libro en la mesa y se acerca un poco más a mí. Él limpia mis lágrimas con sus dos pulgares mientras me habla con voz muy suave.
— ¿Pero por qué estas llorando? Las niñas hermosas no deben llorar. ¿Y de que te disculpas? No has hecho nada malo.
— Por mi culpa el señor Luke te obligó a volver aquí. Lamento mucho eso. Tal vez era mejor que me llevara a un orfanato en lugar de esta casa. Así no te molestaba.
Jace me toma de la mano y me lleva hasta su regazo. Me siento en sus piernas frente a él mientras continúa limpiando mis lágrimas. Después de unos minutos, siento como me da un beso en la frente y acaricia mi cabello. Nunca nadie excepto mi madre había hecho eso.
— Jamás vuelvas a decir algo como eso Zoe. Nadie merece terminar en un orfanato. Además, mi padre no me obligó a volver aquí. Yo estuve de acuerdo en todo momento. ¿Quieres que te cuente un secreto?
— Ujum
— Tal vez no lo sepas, pero tú me salvaste.
— ¿De verdad?
— Si
— ¿Cómo te salvé? Estuve aquí todo el tiempo y nunca te había visto.
— Bueno, lo que sucede es que yo estaba pasando las vacaciones más aburridas de toda mi vida. Si no es porque tú apareciste, todavía estaría allí sufriendo.
— ¿Tan malo fue?
— No tienes idea.
— ¿A dónde fuiste?
— Pues estaba en una casa de playa con unos amigos.
— Pero la playa es bonita. A mí me gusta mucho. Aunque solo fui una vez.
— Si, la playa es muy bonita. En eso estamos de acuerdo. Pero no la compañía que llegó después. Sabes, hay una chica que obvio no es para nada de bonita así como lo eres tú, y ella no dejaba de molestarme.
— ¿Por qué te molestaba esa niña?
— Digamos que ella quiere algo más que una amistad. Es algo así como los novios. ¿Sabes qué es eso?
— Si, se que es un novio.
— Bien, pues ella fue muy insistente y estaba loco por irme. No encontraba una excusa para salir de ese lugar. Y luego ocurrió un milagro.
— ¿Un milagro? ¿Cuál?
— Una niña llamada Zoe necesitaba alguien que la cuidara. Y es ahí cuando dije; “Eso es” Está es mi oportunidad. Esa niña ha llegado para salvarme la vida. Debo ir con ella y agradecerle todo lo que hizo por mí.
Comienzo por reír con todo lo que me ha confesado Jace. ¿Así que en realidad le hice un favor? Desde hoy esa mujer también me desagrada. No voy a dejar que moleste más a Jace. Después de todo seremos algo así como hermanos.
— Yo te puedo ayudar con eso si quieres.
— ¿Enserio?
— Si
— Me parece algo maravilloso Zoe. ¿Y exactamente qué piensas hacer?
— No voy a dejar que esa niña.. ¿Cómo se llama?
— Margareth, aunque le decimos Maggie.
— Pues no pienso dejar que esa Margareth te vuelva a molestar. Yo te voy a defender de ella.
— ¿De verdad? ¿Tú harías eso por mí?
— Claro que lo haré. Ahora tú y yo seremos mejores amigos.
— Así es, pero no lo seremos. Ya lo somos.
— Es más, le voy a decir que no puedes ser su novio porque cuando yo crezca tú serás mi novio. Eso la alejará de ti.
— Zoe, de verdad que eres una niña impresionante. Jamás se me hubiera ocurrido. Gracias por hacer todo eso por mí.
— Si tú me estás cuidando entonces es mi deber cuidarte también a ti.
— Ah mira, me parece perfecto. Y muy justo. Sabes, te pareces mucho a la chica de este cuento. Y no lo digo por esos hermosos rizos dorados que tienes. Ni por esos ojos celestes hermosos. Ni tampoco por esas pocas pecas en esos cachetes rosados. Lo digo poque la chica de este cuento se ve frágil, pero en el fondo no lo es. Es muy fuerte y lucha porque todo sea justo. Así como hace con los ratones.
— ¿Ratones? ¿Por qué los ratones?
— Porque son animales muy despreciados por muchos, pero ella sabe que ellos también necesitan amor. Y nunca duda en dárselo.
Un fuerte trueno suena una vez más, pero esta vez me aferro al cuello de Jace. Él me abraza fuertemente aún en su regazo, mientras repite una y otra vez que no tengo porque temer. Que todo estará bien y que él me cuidará siempre. Y con ese gesto de calidez, termino por quedarme dormida entre sus brazos.