Rojo carmesí

1578 Words
No fue una noche tranquila, estuve pensando en el par de tipos que me tocaron como jefes, extraños en sus actuaciones, creo que siento que están planeando un juego macabro conmigo, quizás apostaron quién se acuesta primero con la empleada, seguro es eso. Me levanté temprano, hice desayuno para mis hijos, tomé el mío por el camino, mi bello Andrés me dejó en el trabajo, pasé por el lado de mi amigo Ángel y le dejé su comida, creo que tenía el estómago revuelto al saber que me tocaba verle la cara a ese par de hombres. Llegue a mi piso, fui por un uniforme el cual era de color n***o, de nuevo mi gafete dorado brillaba como nunca, tomé un par de zapatos negros de charol, estoy segura que mi rostro se reflejaban en ellos. Recogí mi cabello en una coleta prolija y muy estilizada, mis pestañas encrespadas, sentía que me veía como si asistiera a un funeral así que decidí pintar mis labios de carmesí. Me gustaba como me veía, seguro recibiría un llamado de atención, el color no está permitido en este piso. Pasé a la oficina del señor Wilson, al parecer salió temprano que no le dio tiempo de ensuciarla anoche, hice algo de limpieza, luego la sala de juntas, el momento que más me causaba terror había llegado, debía entrar a la oficina del señor Anderson, su secretaria estaba informándole la agenda del día, yo pasé a servir su taza de café, también llevaba conmigo toallas limpias. -Buen día.- mencioné ingresando a la oficina, no quise verlo a la cara, dejé la taza de café en su escritorio y pasé al baño, dejé las toallas y retiré la sucia, que a mi parecer estaba impecable.- Cuando iba saliendo lo escuché hablar, eso hizo que quedara inmóvil, no quería dar vuelta, esperaba que fuera rápido. -Carolina hoy no desayuné en casa, deseo que me prepares algo con rapidez.- mencionó, su voz era ronca y muy varonil, eso hacía que mis piernas se volvieran gelatina.- -Si señor.- mencioné de medio lado y salí a correr, ¿que se supone que come este hombre? No tengo muchas opciones en alimentos blancos y negros, si le doy tocino el rojo no encajara en su estilo.- Comencé a llamar al señor Carlos, seguro él podría ayudarme. -¿Qué pasa Carolina?- -¡Señor! Necesito su ayuda.- -Pues dime.- -El señor Anderson me ha dicho que le prepare el desayuno pero no sé qué comerá ¿él tiene alergias? ¿Algo que no le guste?- -Que extraño el jamás ha pedido comida, bueno sé que es alérgico al maní, también evita la grasa en exceso, suele pedir jugos naturales, solo eso se.- -Señor no sé qué hacer- -Trata de cocinar algo liviano, avísame si necesita algo.- -Está bien.- mencioné suspirando.- Ingrese a la cafetería, estaba equipada de todo, la verdad no entiendo a los millonarios, gastan mucho dinero en comida y luego es desechada pues no la consumen. Tome unas tajadas de pan, haría unas tostadas francesas, tenía aguacate así que me pareció genial hacer una especie de crema con especias y untarlas, hice un huevo estilo pochado, sé que así le gusta a los riquillos, tantos años cocinándoles en el restaurante. No sé por qué pero me pareció prudente tomar una regla y medir que todo me quedara alienado, el huevo en el centro respetando la misma distancia en cada lado, un jugo de naranja recién hecho, otra taza de café y fruta en cuadros… también medí que fueran exactos. Puse todo en una charola y fui a su oficina, gracias al cielo la puerta estaba abierta así que pude pasar sin problema, él seguía hablando con su secretaria de los pendientes. -He traído su desayuno.- mencioné -Sal de aquí Cinthya- -Si señor Anderson.- respondió, se muy bien como es esa mujer así que antes de que pasara por mi lado yo me moví, seguro me tira el desayuno encima.- Puse la charola en el escritorio, tome un pequeño mantel blanco lo extendí, comencé a poner uno a uno los platos sobre el, el jugo, el café y los cubiertos, dejé una servilleta de tela al lado. -Espero le guste señor.- mencioné retirando la charola -Toma asiento Carolina.- mencionó Yo caminaría hacia el sofá, era lo que estaba más lejos de él pero tenía otro plan. -Delante de mí.- mencionó señalando la silla en su escritorio.- Me senté con miles de pensamientos, pero más que eso, tenía miedo de que no le gustara mi comida. El observaba los platos de comida, también la posición de los cubiertos, me alivie al ver que los tomo y comenzó a partir la comida, lo primero que hizo fue abrir el huevo, la yema se derramó por la tostada, él levantó su mirada, no mucho, solo pude ver sus ojos, también detecté que tenía una pequeña cicatriz sobre su ojo derecho, muy pequeña para no haberla visto antes. Tomó un poco de tostada untada de aguacate, llevó el tenedor a su boca, fue en cámara lenta debo decir, la gracia con que lo hacía me dejó hipnotizada, hasta para eso este hombre es misterioso. -¿Le gusta señor?- pregunté No respondió, él siguió comiendo mientras sus ojos no se apartaban de los míos, al final devoró todo lo que había, solo quedaba la taza de café que comenzó a beber. -Cocinas bien.- mencionó, yo comencé a retirar todos los platos, quería huir.- -Aún estoy aprendiendo señor.- respondí -Necesito que limpies de inmediato, tengo reuniones en la mañana de manera virtual.- -Claro señor.- sé muy bien por qué lo decía, yo entro casi todo el día a esta lugar, no le gustará que sus clientes me vean limpiar detrás de él.- Deje los platos en el lavado y fui por mis artículos de aseo, la aspiradora era mi mejor amiga, ella no podía quedarse atrás, volví a la oficina del señor Anderson, no lo vi en su puesto así que pensé que estaba en el baño, me apresure con la limpieza, no quería estar aquí. Mientras limpiaba todo el salió del baño, venía caminando hacia mi, no tenía idea que malo hice ahora, sus pasos eran firmes. -Quítate los zapatos- mencionó metiendo sus manos dentro de los bolsillos del pantalón, en ese momento pude detallarlo bien, vestía con una camisa blanca, pantalón gris con pliegues perfectos, su cinturón y zapatos iban a juego, un par de mancuernas que seguro cuestan millones, la corbata gris igual que su pantalón y no dejaré atrás su perfecto peinado y barba. -¿Qué?- -Ya me oíste ¿debo repetirlo de nuevo?- Yo sabía que tenía que obedecer así que me los quite, los tome en mi mano pero él me los arrebató, caminó hacia su escritorio y los puso sobre este. -Ahora podrás asear un poco más relajada.- mencionó Lo vi abrir su computadora y comenzó a trabajar, yo no puedo entenderlo, ese hombre es muy pero muy extraño, pero debo agradecer que me sentía aliviada caminar descalza. Al terminar mis labores me acerqué al escritorio, iría por mis zapatos para marcharme. -Ven aquí Carolina.- mencionó señalando justo a su lado, yo no me negué, simplemente caminé hacia el. -¿Qué sucede señor?- El me tomó de la cintura y me subió al escritorio. Por poco y golpeó su computador. Su mano apretaba mi cuerpo, mientras que se acomodaba en medio de mis piernas, esto no estaba nada bien. -¿Qué está haciendo señor?- Él tomó uno de mis pies, con delicadeza puso mi calzado, después hizo lo mismo con el otro, sin dejar a un lado su ligero roce. -Ya estás perfecta.- mencionó poniéndose de pie, él seguía en medio.- -¿Me dirás tu juego señor Anderson?- pregunté El puso su pulgar en mi labio, vi cómo le quedó manchado de labial. -Tienes color.- mencionó -Así es, no quería verme como una viuda en cementerio vestida toda de n***o, necesitaba sentirme viva señor, ¿le molesta?- -No, en realidad me gusta.- mencionó sin quitar sus ojos de mis labios, solo veía como tragaba saliva.- -¿Quieres besarme?- pregunté El levantó su mirada, sus ojos negros como la noche se chocaron con los míos, su mano se posó en mi cuello, quería ejercer una ligera presión, había mucha tensión en el ambiente. -¿Puedo?- preguntó, yo solo asentí mordiendo ligeramente mi labio inferior.- Pero la burbuja estalló, su comunicador sonó, era su secretaria la que hablaba. -Señor su esposa ha llegado.- Le di un ligero empujón para poder bajarme del escritorio, tome mis cosas y corrí hacia la puerta, la cual se abrió dejándome ver una mujer de pie al otro lado. Ella era igual de intimidante, se veía que era alguien millonaria por la forma de vestir, también podía notar algo de retoques en su rostro y senos falsos, lo sé por qué no había efecto de gravedad. -Carolina- mencionó el señor Anderson, yo me giré a verlo.- -Dígame señor.- -Harás mi almuerzo, lo quiero a la una en punto, deseo carne y verduras.- mencionó sentándose.- La mujer pasó por mi lado, vi como me miró de pies a cabeza, ni siquiera caminaba, ella levitaba, cerré la puerta y me fui, solo escuchaba hablar a las secretarias de lo bella que era la señora Anderson, ahí fue donde entendí el por qué de su anillo, el está casado, que tonta soy tratando de jugar con alguien como el.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD