—Entonces hazlo por ti
Su voz estaba tan cerca que casi podía sentirla en mis labios
No sabía quién dio el último paso. Tal vez ninguno. Tal vez el aire simplemente se volvió demasiado pequeño para los dos
—Demian… —susurré
Su mano seguía en mi mejilla. Su respiración rozaba la mía
Y entonces...
—¿Interrumpo algo?—la voz femenina cortó el momento como un vidrio rompiéndose
Nos separamos de inmediato
En la puerta estaba ella
Su esposa
Elegante. Impecable
Con una sonrisa tan fría que hacía que la oficina pareciera aún más pequeña
Demian dio un paso atrás, recuperando su postura profesional en cuestión de segundos
—No estabas anunciada —dijo él, demasiado controlado
—Quise darte una sorpresa —respondió ella, entrando sin esperar invitación. Sus ojos se posaron en mí con una precisión quirúrgica—. Veo que yo no soy la única —sentí el calor subir por mi cuello
La culpa, la vergüenza, la rabia… todo mezclado
—Ya me iba —dije, intentando recuperar algo de dignidad
—Oh, no —contestó ella con una sonrisa apenas visible—. Me encantaría saber qué asunto tan… urgente… requiere reuniones privadas con alumnas
El silencio fue brutal
Demian tensó la mandíbula
—Es un tema académico —respondió él
—Claro —respondió ella suavemente—. Siempre lo es
Sentí cómo el corazón se me hundía en el pecho
No era solo una esposa celosa
Era una mujer que ya sospechaba
—Con permiso —murmuré, sin mirar a ninguno de los dos
Pero antes de que pudiera girar la manija, la voz de ella volvió a detenerme
—Ten cuidado, querida. A veces uno cree que está eligiendo… cuando en realidad solo está siendo elegida
Esa frase me atravesó más que cualquier insulto
Salí sin responder
Y mientras el pasillo se abría ante mí, entendí algo con una claridad dolorosa: Esto ya no era solo amor. Era guerra
(...)
La puerta se cerró con un golpe seco
El silencio duró apenas un segundo
—¿Tema académico? —repitió ella, dejando el bolso sobre el escritorio con una calma peligrosa—. ¿En serio esa es tu versión?
Demian no respondió de inmediato. Se pasó una mano por el cabello, intentando recuperar el control
—No exageres, Mónica —ella soltó una risa breve, amarga
—¿Exagerar? Te encontré a centímetros de una estudiante. En tu oficina. Con la puerta cerrada — afirmó
—No pasó nada —se hizo el que tenia que hacer cosas
—Pero querías que pasara —disparó ella sin titubear
Esa frase sí lo golpeó
Demian endureció la expresión
—Estás viendo lo que quieres ver — dijo —Como siempre, desde hace años ocho años —le dijo sin mirarla
—No —respondió ella, acercándose lentamente—. Estoy viendo lo que siempre supe que iba a pasar, con cualquiera
Él apretó la mandíbula
—No hay nada entre esa chica y yo —mintió, porque desde que entro a trabajar estaba muerto por ella
—Entonces mírame a los ojos y repítelo —pidió por total
El silencio fue espeso. Incómodo
Él la miró. Sostuvo la mirada
—No hay nada entre Alexandra y yo —afirmo, mientinedo tan bien
La negación fue firme. Ensayada. Fría
Pero no completamente verdadera
Ella lo observó durante unos segundos más, como si buscara una grieta
—Ten cuidado, Demian —dijo finalmente, bajando la voz—. No me importa una aventura. Me importa la humillación. Y esa chica… no parece alguien que se quede en silencio —afirmó algo que Demian sabía bien
—No es tu problema —terminó por decir, acomodó papeles
—Es mi matrimonio. Claro que es mi problema —Demina se rio de esa frase
Él se alejó hacia la ventana, dándole la espalda
—Estás imaginando cosas, como siempre —ella lo miro
—¿Lo estoy? —susurró ella
La tensión no era solo celos. Era poder. Control. Apariencias
—Si cruzas esa línea —añadió ella con voz suave pero firme—, No me voy a quedar mirando —Demian no respondió
Pero por primera vez, el silencio no era de dominio
Era de conflicto
Porque la había negado
Y aun así… Alexandra seguía ardiéndole bajo la piel
(...)
Encontré a Gloria sentada en las gradas del patio, con la mirada perdida y el celular entre las manos
Cuando me vio, supo que algo había pasado
—Fuiste, ¿verdad? —preguntó sin rodeos
Me senté a su lado. No supe por dónde empezar
—Sí —dije, sencillo nomas
—¿Y? —preguntó
Tragué saliva
—Me ofreció quitar tu suspensión —Gloria giró el rostro de inmediato
—¿Qué? —imagino algo en su cabeza
—Si dejo el trabajo —afirme
El silencio cayó pesado entre nosotras
—Eso no es un favor —dijo ella lentamente—. Es un intercambio —asentí
—Dice que quiere protegerme —le confese —Que no soporta verme ahí
Gloria entrecerró los ojos
—¿Y tú qué quieres? —preguntó
Esa pregunta fue peor que cualquier acusación
—No lo sé —admití—. Por un momento… estuve a punto de aceptar —confesé y su cara me dijo todo
—Ale…—intentó decirme algo
—Pero no por él. Por mamá. Por todo. Estoy cansada, Gloria. Cansada de pelear, de esconder cosas, de sentir que todo lo que hago arrastra a los demás
Mi voz se quebró apenas
—Y luego llegó su esposa —terminé
Gloria se quedó completamente quieta
—¿Su qué? —no pudo terminar
—Nos vio. Bueno… casi. No pasó nada, pero… estuvo a punto —declare en mi defensa
Gloria soltó el aire lentamente
—Esto ya no es solo complicado, Ale. Es peligroso —dijo lo que yo no me atrevo a decir
—Lo sé — confirme mis miedos
—¿Te das cuenta de que él puede negarlo todo si algo sale mal? — he ahí, lo que yo no quiero ver
Esa frase me golpeó fuerte
Porque ya lo había hecho
—Lo negó —murmuré—. Estoy segura de que lo negó —confirme
Gloria tomó mi mano con firmeza
—Entonces deja de pensar que esto es una historia romántica —me dice algo que duele aún más
La miré
—Es una historia donde tú puedes salir lastimada. Y yo también —le dije, pero es la verdad
El viento movió ligeramente mi cabello. Sentí un vacío extraño en el pecho
—¿Y si lo amo? —pregunté casi en silencio
Gloria no dudó
—Entonces asegúrate de que él te ame lo suficiente como para elegirte a la luz del día… no solo detrás de una puerta cerrada
Y como siempre ella tuvo la razón en sus boca, sus palabras son: Precisas, malditas, desgarradoras pero con toda la razón