La noche cayó otra vez, espesa y luminosa al mismo tiempo
Demian entró al bar con el mismo gesto controlado de siempre, como si aquel lugar no lo desarmara por dentro. La música golpeaba las paredes, las luces danzaban sobre cuerpos que se movían sin rostro
Buscó con la mirada
No estaba en el escenario
El alivio le duró apenas un segundo… hasta que la vio
Alexandra no bailaba esa noche
Estaba sentada junto a una mesa privada, vestida para acompañar, sonriendo con esa sonrisa medida que no le llegaba a los ojos.
Demian sintió algo oscuro apretarle el pecho
No era solo celos
Era impotencia
El hombre frente a ella reía, inclinado demasiado cerca. Alexandra mantenía la postura firme, profesional… distante
Pero Demian no veía profesionalismo
Veía riesgo
Dio un paso. Luego otro
—Quédate aquí —le dijo el mesero cuando intentó avanzar hacia la zona privada
Demian lo ignoró
No apartaba los ojos de ella
En un momento, Alexandra levantó la mirada
Lo vio
Y algo cambió en su expresión. No fue sorpresa. Fue advertencia
No te acerques
Pero él ya estaba caminando
El hombre junto a ella notó la tensión
—¿Algún problema? —preguntó con tono pesado
Alexandra reaccionó antes que Demian
—Ninguno —respondió firme, sosteniendo la mirada de Demian con desafío—. Es solo… un conocido
Esa palabra fue un golpe directo
Conocido
Demian se detuvo a unos pasos. Sus ojos no estaban fríos ahora. Estaban ardiendo
—¿Así me llamas ahora? —preguntó en voz baja, solo para ella
La música subió de volumen. Las luces parpadearon
Alexandra sostuvo su mirada sin parpadear
—Depende de cómo quieras que te llame… profesor —y ahí, en medio del ruido, la tensión se volvió insoportable
El hombre extendió la mano con una sonrisa confiada
—¿Bailamos? —Alexandra sostuvo su mirada un segundo. Sabía que Demian seguía allí. Sintiendo. Observando. Ardiendo
Y aun así… tomó la mano del cliente
—Claro —contestó, claramente haciendo que la rabia empezara a avanzar en Demian
La pista estaba iluminada por destellos violetas y azules. La música vibraba en el suelo, subía por las piernas, se metía bajo la piel
El hombre la tomó por la cintura con seguridad. Alexandra mantuvo la postura firme, profesional… pero esta vez había algo más en su movimiento
No era provocación
Era decisión
Giró con elegancia, su cabello rozando el aire, sus manos marcando el ritmo exacto. No miró a Demian al principio
Pero lo sentía
Cuando finalmente levantó la vista, lo encontró inmóvil junto a la barra
Sus ojos eran pura tensión contenida
Cada vez que el cliente la acercaba un poco más, Demian endurecía la mandíbula. Cada giro, cada sonrisa profesional, era como una declaración silenciosa
No me controlas
El hombre intentó acercarse demasiado, bajando la voz para decir algo al oído de Alexandra
Ella no se apartó bruscamente. No hizo una escena
Simplemente deslizó una mano firme entre ambos y recuperó la distancia con elegancia
Control
Siempre control
Pero cuando volvió a girar… sus ojos buscaron a Demian otra vez
Y ahí estaba él
No como profesor
No como hombre casado
Sino como alguien que estaba entendiendo, quizás demasiado tarde, que no podía decidir por ella
La música subió
Alexandra siguió bailando
Y esta vez, no lo hacía por el dinero
Lo hacía para recordarle que no era suya… aunque una parte de su corazón todavía latiera cuando él la miraba así
Demian dejó el vaso sobre la barra sin apartar la mirada de la pista
Alexandra giraba con precisión, distante y perfecta. Cada movimiento era una línea trazada entre ellos
No me perteneces
Y eso fue lo que lo empujó
Caminó directo hacia la pista, ignorando miradas y advertencias. No escuchaba la música. Solo el latido en sus oídos
Estaba a unos pasos de ella cuando una figura se interpuso
—Tranquilo, guapo —dijo una voz femenina con una sonrisa entrenada
Una de las bailarinas se colocó frente a él, deslizándose con naturalidad entre su camino y Alexandra. Sus manos se apoyaron suavemente en el pecho de Demian, no para seducir… sino para frenar
—La zona privada es por allá —añadió con tono ligero, aunque sus ojos estaban atentos
Demian apenas la miró
—Apártate —afirmó, su mandíbula tensa del coraje
—No puedo. Y tú tampoco deberías estar aquí —respondió ella sin perder la compostura
Alexandra lo vio todo
El momento exacto en que Demian intentó rodearla
El instante en que la bailarina volvió a interponerse, esta vez con firmeza profesional y lo agradecería más tarde
—No hagas esto —murmuró Alexandra apenas, aunque sabía que él no podía oírla entre el ruido
El cliente notó la tensión
—¿Es tu novio o algo así? —preguntó con tono burlón
Alexandra no apartó la vista de Demian
—No —respondió, sosteniendo la palabra con cuidado—. Es solo alguien que no entiende límites
Esa frase sí le llegó
Demian se quedó quieto
La bailarina aprovechó ese segundo para guiarlo suavemente hacia atrás
—Si quieres quedarte, compórtate —le susurró con una mezcla de advertencia y compasión
Él volvió a mirar a Alexandra
Y por primera vez esa noche, no había ira en sus ojos
Había algo más difícil de sostener
Humillación a entender
Y miedo de estar perdiéndola en un lugar donde no tenía ningún derecho a reclamarla
Demian apenas había retrocedido cuando la puerta del bar se abrió con tal fuerza y empezó la tormenta
No con prisa
No con escándalo
Con seguridad
Mónica entró como si el lugar le perteneciera. Vestido impecable, mirada firme, tacones marcando cada paso sobre el suelo oscuro
No buscaba luces. Buscaba respuestas
Demian no la vio de inmediato
La bailarina aún estaba frente a él, hablando en voz baja, intentando calmar la escena sin crear espectáculo. Sus manos todavía rozaban su pecho para mantener distancia
Y fue justo ese cuadro el que encontró Mónica
Su esposo
En un bar
Con una bailarina tocándolo
Sus labios se tensaron apenas. No gritó. No hizo escena
Solo observó
Desde la pista, Alexandra notó el cambio en el ambiente antes de entender por qué. Siguió el movimiento de algunas miradas… y entonces la vio
Mónica
Pero Mónica no la vio a ella
Sus ojos estaban clavados en Demian
El cliente junto a Alexandra murmuró algo, pero ella ya no escuchaba
Porque estaba viendo algo que no esperaba: Demian apartándose lentamente de la bailarina justo cuando sintió esa mirada conocida
Él levantó la vista
Y el mundo se detuvo
—Vaya —dijo Mónica cuando estuvo lo suficientemente cerca—. Así que esto es lo que haces cuando “trabajas hasta tarde”
La bailarina retiró las manos de inmediato, entendiendo demasiado rápido la situación
—No es lo que parece —dijo Demian, pero esta vez su voz no tenía la misma firmeza
—Nunca lo es —respondió ella con una calma que daba más miedo que cualquier grito
Desde la pista, Alexandra sintió algo extraño en el pecho
No era alivio
No era triunfo
Era algo más incómodo
Porque por primera vez… ella no era el centro del problema
Y aun así, estaba atrapada en él