Llegué a la universidad con el corazón aún golpeando con fuerza contra mi pecho. El ruido de los estudiantes, las risas y las conversaciones parecían lejanos, como si todo ocurriera detrás de un vidrio. Mi mente seguía atrapada en lo que había pasado horas antes
Gloria todavía no podía creerlo
La esposa de Demian había aparecido en el bar como un fantasma que nadie esperaba ver. Todo ocurrió demasiado rápido: miradas tensas, el aire cargado de incomodidad… y entonces lo vio, Demian estaba allí, demasiado cerca de la bella Pilar, en una escena que no dejaba espacio para explicaciones
Lo había cachado, según ella con alguien mas que no fuera ella, todavía siento la piel de miedo, que tal si hubiera sido yo
Yo apenas tuve tiempo de reaccionar ya que el pánico me recorrió el cuerpo y tuve que esconderme antes de que ella me viera. No sabía qué habría pasado si nuestras miradas se hubieran cruzado en ese momento
Tal vez habría entendido demasiado
Incluso ahora, mientras caminaba por los pasillos de la universidad, los nervios seguían corriendo por mi sistema como electricidad bajo la piel. Algo me decía que lo ocurrido en ese bar no iba a quedarse allí… y que las consecuencias apenas estaban comenzando
—Alexandra, ¿sabes lo que hubiera pasado…? —dice Gloria, con esa mirada que deja claro que ambas conocemos la respuesta
—Lo sé, Gloria… —suspiro—. Pero no sabíamos que ella iba a seguirlo
Y en eso tenía razón
Gloria niega lentamente con la cabeza, todavía incrédula por todo lo que pasó la noche anterior
—Creo que esa mujer estará encima de él… todo el tiempo —la miro y esbozo una sonrisa torcida, más por nervios que por diversión
—¿Cómo es que estás aquí? —le pregunto, frunciendo el ceño—. ¿No te había suspendido?
—Sí… —responde, encogiéndose de hombros—. Pero anoche me llamó y me levantó el “castigo”
Lo dice con una sonrisa traviesa, como si aquello fuera una pequeña victoria
—Vaya… —murmuro—. Creo que al ogro se le vio que tiene corazón
Gloria suelta una carcajada y yo termino riendo con ella. Por un momento, todo parece normal, pero en el fondo sé que no lo es
Porque Demian todavía lleva en la piel algo que nadie más puede ver… pero que yo sé que está ahí, el recuerdo palpable de lo que pasó entre nosotros. La cercanía en su oficina, el calor de su cuerpo demasiado cerca del mío, su voz baja, su respiración rozando mi cuello…
Solo pensarlo hace que un escalofrío me recorra la espalda
Y ahora tengo que verlo otra vez
No tengo idea de cómo voy a mirarlo a los ojos sin recordar cada segundo de aquella tarde
Así entramos a clases rogando por no verlo en donde sea, que los pasillos se hagan tan largos y que no me lo encuentre
Salimos del aula todavía riendo, aunque la risa se fue apagando poco a poco mientras caminábamos por el pasillo principal de la universidad. Había demasiada gente, demasiado ruido… pero aun así sentía un extraño peso en el pecho
Como si algo estuviera a punto de pasar
—Bueno, te dejo —dice Gloria—. Tengo clase en el otro edificio
—Está bien —le respondo, deseando que le vaya bien en sus clases
Se despide con un gesto de la mano y desaparece entre los estudiantes. Yo sigo caminando sola, intentando concentrarme en cualquier cosa que no sea él
Pero el destino parece tener otros planes
Doblo el pasillo… y entonces lo veo
Demian Hernández está de pie a unos metros, hablando con un profesor. Su postura es firme, imponente, como siempre. Traje oscuro, mirada seria… exactamente igual que la última vez que lo vi
Excepto que esta vez no estamos en su oficina menos en el bar, y no estamos solos pero aun así mi corazón da un golpe fuerte contra mi pecho, que por un segundo pienso en dar la vuelta. Fingir que no lo vi y desaparecer antes de que levante la mirada
Pero es demasiado tarde
Sus ojos se alzan… y se encuentran con los míos y el mundo alrededor parece quedarse en silencio
Su expresión cambia apenas un segundo, algo casi imperceptible para cualquiera más… pero yo lo noto. Lo siento, esa chispa de reconocimiento, de memoria, de algo que todavía sigue entre nosotros
Trago saliva y trato de seguir caminando como si nada
Cada paso hacia él hace que la tensión se vuelva más espesa
Cuando paso a su lado, su voz grave me detiene
—Alexandra —lo sabía
Mi nombre en sus labios hace que un escalofrío me recorra la espalda y me detengo lentamente
Tardo un segundo en reunir el valor para mirarlo a la cara
—Profesor Demian —digo al final, intentando que mi voz suene tranquila
Pero por dentro estoy hecha un desastre
Porque sus ojos no se apartan de mí
Y en esa mirada hay algo peligroso… algo que me recuerda demasiado bien lo cerca que estuvimos en su oficina y la noche anterior
Demian da un paso más cerca no lo suficiente para llamar la atención de nadie
Pero sí lo suficiente para que mi respiración se vuelva inestable
—Tenemos que hablar —dice en voz baja
Mi corazón vuelve a acelerarse
Porque por la forma en que lo dice… sé que esa conversación no va a ser nada fácil
—¿Ahora mismo? —pregunto, rogando al cielo que no sea hoy
Y en ese momento entiendo que escapar… ya no es una opción
—Ven conmigo —dijo en voz baja, con ese tono que no dejaba espacio para discutir
Por un segundo dudé porque sabía perfectamente a dónde me llevaba… y aun así mis pies comenzaron a moverse detrás de él
Atravesamos el pasillo en silencio y cada paso hacía que mi corazón latiera más fuerte. Sentía las miradas de algunos estudiantes, pero nadie sospechaba nada, para ellos solo era una alumna siguiendo a su profesor o que tenía problemas
Pero yo sabía que no era tan simple y cuando llegamos frente a su oficina
Demian Hernández abrió la puerta sin decir una palabra. Entró primero y yo lo seguí y en cuanto estuve dentro, cerró la puerta detrás de nosotros
El sonido del clic de la cerradura resonó en la habitación, demasiado fuerte, demasiado definitivo
Me quedé de pie cerca de la puerta, con los nervios recorriéndome el cuerpo, el caminó hacia el escritorio, pero no se sentó. Se apoyó en él, cruzando los brazos mientras me observaba
Ese silencio entre nosotros era casi insoportable
—¿Vas a decir algo? —pregunté finalmente, intentando sonar firme
Sus ojos oscuros se clavaron en los míos
—¿Crees que esto es un juego, Alexandra? —mi respiración se tensó
—No estoy jugando a nada —le digo —Lo loco, es que no he hecho nada...
Demian dio un paso hacia mí y luego otro
La distancia entre nosotros comenzó a desaparecer lentamente, como si cada centímetro estuviera cargado de electricidad
—Anoche casi nos descubren —dijo en voz baja—. ¿Tienes idea de lo que habría pasado si mi esposa te hubiera visto? —no respondí
Porque la verdad… sí lo sabía
Pero había algo en su manera de mirarme que hacía imposible apartar la mirada
Cuando estuvo frente a mí, demasiado cerca, pude sentir el calor de su cuerpo
—Y aun así —continuó, con la voz más grave—, Aquí estás —tragué saliva
—Usted fue quien me llamó —sonrió al ver que me tenía donde quería
Por un instante, una leve sonrisa apareció en sus labios. No era amable es mas, era peligrosa
Demian levantó una mano… y apoyó los dedos contra la puerta, justo a mi lado, dejándome prácticamente atrapada entre la madera y su cuerpo
Mi corazón latía tan fuerte que estaba segura de que él podía oírlo
—Dime algo, Alexandra —murmuró—. Cuando me viste en el pasillo… —se inclinó apenas, lo suficiente para que su voz rozara mi oído —¿Pensaste en lo que pasó entre nosotros? —es jugar sucio, porque no ha pasado nada, pero es como si ya me hubiera consumido solo con cuatro palabras y un maldito toque
El aire se volvió denso
Porque la respuesta era obvia
Y por la forma en que sus ojos volvieron a buscar los míos… Sabía que él también lo estaba recordando