Gloria pasó a recogerme puntual como siempre y yo apenas había dormido y las ojeras intentaban delatarme, pero un poco de corrector y una sonrisa ensayada hacían milagros. Claro que tenía un sueño del demonio, pero todo se disipaba con una sola idea: Lo iba a ver
—Sabes que el diablo estará contento de hacernos ver su infierno —dijo Gloria mientras arrancaba el auto, era niña de buena familia, nunca supieron lo que era privarse de todo, pero era buena gente, eso me daba una esperanza en la humanidad, claro, no pude evitar reír
—Lo sé… —respondí, acomodándome el cinturón—. Pero mírale el lado bueno, seremos las primeras en entregar todo lo que nos dejó, ella sonrió sombríamente
—¿Entregar o sobrevivir? —me miró de reojo, yo la mire y negué
—Ambas— pero negábamos que pagamos para que nos hicieran lo que nos dejo, bueno, ella me pago, algun dia le pagaré todo
La universidad apareció al final de la avenida como un escenario donde siempre se repite la misma obra: estrés, tareas imposibles… y miradas que no deberían existir, mí cansancio seguía ahí, pegado a mis huesos. La realidad de mi casa no desaparecía solo por cruzar esas puertas. Pero por unas horas podía fingir que mi mayor problema era un ensayo mal hecho
Y, si tenía suerte… también podía cruzarme con esos ojos que me hacían olvidar el peso del mundo por unos segundos
—Alex —dijo Gloria antes de bajar—, no te pierdas— no supe si hablaba de la materia o de él, respiró hondo porque hoy no era día para caer. Pero tampoco estaba segura de querer resistirme
Entramos por los pasillos llenos de voces, risas y rumores que siempre flotan en el aire universitario. Todo parecía normal… hasta que lo vi, a lo lejos, impecable como siempre, seguro, presente, pero no venía solo. Ella caminaba a su lado, elegante, serena con esa seguridad tranquila de quien sabe exactamente cuál es su lugar. Su esposa. Diez años de matrimonio —eso había averiguado Paul, el hermano de Gloria, curioso como buen periodista frustrado—
Diez años, una década construyendo algo real, y en ese instante entendí algo que me golpeó más fuerte que cualquier mirada suya
El puesto, el suyo… y el mío, ella caminaba a su lado, no detrás, no escondida, no dudando y yo estaba al otro extremo del pasillo, con mi mochila colgada al hombro y el corazón intentando no romperse, no era una historia prohibida llena de destino trágico
Era simplemente una historia que no era mía, él levantó la vista un segundo y nuestros ojos se encontraron pero no hubo sonrisa tampoco hubo gesto pícaro, solo una pausa mínima y entonces volvió a mirarla a ella, ahí entendí que las miradas sí dicen algo.
Dicen cuándo no perteneces, a nada
Después de ese golpe silencioso en el pasillo, el resto del día se volvió mecánico, entré al aula y me senté donde siempre, pero algo en mí ya no estaba igual. Repetí dentro de mi cabeza, como un mantra necesario:
Demian está más que imposible
Demian no es una opción
Demian no es tu historia
Intenté grabarlo en mi cerebro a la fuerza
Él dio la clase como siempre, seguro, claro, profesional, ni una pausa extra, ni un gesto fuera de lugar, ni ese segundo suspendido que antes me hacía sentir especial, nada tampoco hubo miradas, menos hubo silencios cargados, no hubo electricidad atravesando el aire. Nada
Y lo más doloroso fue darme cuenta de que quizá nunca hubo nada más que mi imaginación
Tomé apuntes como si mi vida dependiera de eso, como si concentrarme en cada palabra fuera suficiente para apagar lo que sentía.
Y tal vez lo era, porque el primer amor —o lo que creemos que es— a veces no se rompe con una pelea, se rompe con realidad, lo que queria era salir del salón, para no sentir ese vacío romántico de película. Sentí algo más crudo. Aceptación
Hoy, contra toda mi voluntad, elegí no buscarlo con la mirada y aunque dolió… también me hizo un poco más fuerte
Y al cruzar la reja de la universidad, dejé atrás a Alex la estudiante, la que suspira, la que sueña la que casi se pierde en una mirada, al salir… volvía a ser Alexandra: La hija
El aire de la tarde siempre me golpea distinto cuando terminó clases es como si la realidad me estuviera esperando afuera, puntual, reviso el celular y encuentro lo que no queria, deudas; mensajes del proveedor de medicamentos, un recordatorio del alquiler, un “¿cómo está tu mamá?” de Paul, el pobre está en enredado en sus temas que los míos, derrotada y sin vida suspiró de cansancio
Camino hacia la parada sintiendo cómo se acomodan otra vez los pesos en mi espalda. Porque la vida de Alexandra no tiene pausas románticas así que llego a casa y antes de abrir la puerta respiro aún más hondo. Me limpio cualquier rastro de tristeza o cansancio extremo. Entró con una sonrisa
—Mamá, ya llegué— esa es mi verdadera bienvenida
No importa si el día fue pesado
No importa si vi lo que no debía ver
No importa si tuve que matar una ilusión en silencio
Aquí soy un sostén, el de mi madre esa que no se derrumba por nada del mundo, soy esa calma que no puede volverse furia, soy fuerza prestada para que la mujer más fuerte del mundo tenga su pilar en vida, y mientras dejo mi mochila sobre la silla y voy directo a su cuarto para verla, entiendo algo con claridad dolorosa: La vida no me dio la historia fácil. Pero me dio una razón para no rendirme
En la noche volveré al bar me pondré los tacones, el maquillaje, la sonrisa que no siempre siento y ¿saben qué es lo peor?
Que no lo hago por ambición, no lo hago por rebeldía, no lo hago porque me guste esa vida, lo hago por amor amor de hija
Porque cada canción que suena mientras sirvo mesas significa un medicamento más, cada mirada incómoda que tolero significa una consulta pagada y cada billete guardado en mi bolso significa un día más para ella
Hay noches en que me miro al espejo del baño del bar y casi no me reconozco. La chica fuerte, la universitaria aplicada, la hija que promete que todo estará bien… y la mujer que baila bajo luces rojas para sobrevivir
Pero ninguna de esas soy menos yo, soy la que hace lo necesario y si el precio es el cansancio, el secreto, la doble vida… lo pago
Porque cuando llego a casa de madrugada y la escucho respirar tranquila en su habitación, entiendo que todo tiene sentido, el amor no siempre es dulce muchas veces es sacrificio y el mío tiene nombre: mamá