Hoy amanecí con una determinación incomparable de esas que no piden permiso y de esas que no tiemblan
Me levanté temprano el cuerpo estaba cansado, pero el alma… extrañamente ligera. Anoche no hubo mucho trabajo en el bar, así que dormí un poco más de lo normal. Tal vez por eso hoy todo se sentía distinto
Entré a la cocina y mamá ya estaba organizando ingredientes.
—Buenos días, chef —le dije, y ella sonrió y esa sonrisa… vale más que cualquier billete
Hoy no fui estudiante, no fui bailarina, no fui la chica que suspira por un amor imposible hoy fui hija
La ayudé a cortar, a mezclar, a probar la sazón. La cocina se llenó de olor a hogar, a esfuerzo digno, a algo que no necesita mentiras.
Salimos al mercado con las ollas bien cerradas y el corazón dispuesto, y como mi madre es la mejor cocinera del mundo —y no exagero— la comida fue pan vendido. La gente repetía, preguntaba cuándo volveríamos y algunos elogiaban su sazón yo la miraba atender, hablar, reír y sus ojos brillaban yo estaba feliz. No por el dinero —aunque ayuda— sino porque por unas horas no fue la mujer enferma fue la mujer fuerte, la cocinera talentosa, la madre orgullosa
Y yo… yo estaba ahí, sosteniendo la mesa, cobrando, ayudando, sintiendo que por fin hacía algo limpio, algo visible, algo que no tenía que esconder
Tal vez la vida no siempre es cruel
Tal vez también nos regala días así
Días donde la risa en sus ojos me recuerda por qué sigo luchando
Pero la calma nunca dura todo el día en mi mundo a las dos de la tarde sonó mi celular. Número del bar sentí ese pequeño nudo en el estómago antes de contestar
—Alex, la chica que baila el turno fuerte se enfermó ¿Puedes venir? Es sábado. Va a estar a full
Miré a mamá, que estaba acomodando lo poco que quedó de la venta
Sábado eso significa mesas llenas hombres con dinero suelto música fuerte ropinas altas. Eso significa plata extra
Y plata extra significa medicinas pagadas sin contar monedas
—Sí, voy —respondí sin dudar y colgué
No era lo que quería hacer después de una mañana tan limpia, tan nuestra… pero así es mi vida: dos mundos que no se tocan, pero que dependen uno del otro
—¿Te llamaron del hotel? —preguntó mamá, sonreí
—Sí, turno extra— otra mentira necesaria
Entré al cuarto y abrí el clóset. La ropa del mercado todavía olía a comida casera y especias. La del bar… olía a perfume fuerte y luces artificiales, pero mi madre pensaba que era por la gente que atendía y las chicas que me abrazaban, si, como no
Me senté un segundo en la cama, sábado a full y eso quiere decir que me tocará sonreír más, moverme más, aguantar más.
Pero también quiere decir que el lunes no tendré que preocuparme por pagar algo urgente
Respiré hondo
No soy víctima
No soy débil
Soy estratégica
Si la vida me puso en dos escenarios distintos, aprenderé a dominar ambos y esta noche, aunque el bar esté lleno y las miradas pesen… yo iré pensando en la risa de mi madre esta mañana, porque esa risa es mi verdadero salario
Cuando llegué, el bar ya estaba explotando luces encendidas la música vibrando en el pecho y las mesas llenas juntando risas altas
Billetes asomando entre dedos impacientes por la chica que se enfermó, ella era de las mejores. Todos lo sabían. Talentosa, segura, magnética
Pero yo no me quedo atrás por que tengo presencia, tengo ritmo un cuerpo que, aunque me dé vergüenza admitirlo, llama la atención sin que tenga que esforzarme demasiado
No había tiempo para dudar ya que entré al camerino y me cambié. Tacones altos. Maquillaje más intenso que el de la mañana en el mercado y ahí está el contraste que siempre me golpea un poco
De hija orgullosa… a espectáculo principal, me miré al espejo
—Hazlo bien —me dije, no por ellos sino por mí
Por lo que representa cada aplauso
Por lo que significa cada propina
Cuando anunciaron mi nombre sentí ese segundo de silencio interno. Ese instante donde el miedo y la adrenalina se mezclan y sin pensarlo más subí a la tarima, dando lo mejor que me aleja de esa Alexandra que desea una nueva vida
Las luces me cegaron al principio, pero el cuerpo sabe lo que tiene que hacer. La música empezó y dejé de pensar no era Alexandra la que se debate entre el amor y la responsabilidad. Era una mujer segura dueña del escenario controlando cada paso, cada giro, cada mirada
No vulgar
No rota
Fuerte
Y mientras la noche avanzaba, entendí algo: no estoy aquí porque no tenga valor, estoy aquí porque tengo demasiado, demasiado amor por su madre, demasiada responsabilidad, demasiada determinación como para rendirme y si esta noche me toca dar el mejor show que haya dado en mi vida… lo daré
Porque cada aplauso es un paso más hacia la libertad que algún día voy a alcanzar
Todo iba como siempre al principio las luces sobre mi piel mientras la música marcando el ritmo y las miradas pesadas palabras babosas lanzadas al aire. Silbidos y sin más los billetes doblados entre dedos que intentaban rozar más de lo permitido
Yo estaba concentrada. Respirando. Moviéndome con seguridad y era parte del juego esa parte de mi trabajo. Hasta que no lo fue, unas manos y no cualquiera. Fuertes. Grandes. Firmes
Se deslizaron por mi pierna con una lentitud que no era torpe… era consciente. Deliberada
Mi cuerpo siguió el movimiento por inercia, pero por dentro me paralicé subí la mirada y el mundo se detuvo
Demian, mi profesor
El hombre que me hace temblar en un aula con solo pronunciar mi nombre.
El imposible
El casado
El inalcanzable
Estaba ahí
Sentado en primera fila y sus ojos no tenían sorpresa tenían certeza su dedo recorrió mi pierna hasta mi tobillo y, justo al filo de mi zapatilla, dejó un billete de cien dólares como si fuera una sentencia para mí no habia duda en él como en nada
No era un gesto vulgar
Era posesivo
Era una declaración
Dios me han descubierto y lo peor no por cualquiera, por él, la música seguía. El público gritaba pero nadie entendía que en ese pequeño gesto mi mundo acababa de partirse en dos: ¿Me vio entrar? ¿Me siguió? ¿Siempre supo?
Mi respiración se volvió corta, pero no podía detener el show. No podía bajar, no podía temblar porque ahora no solo estaban las miradas del bar estaban sus ojos oscuros e intensos. Reclamándome sin decir una palabra y por primera vez desde que empezó esta locura… no sabía si quería huir o si quería que se quedará hasta el final