La alarma sonó a las cinco en punto y como siempre, tan puntual la maldita, pero esta vez fue como si me arrancara de un sueño demasiado corto y me lanzará directo a la realidad
Dos horas dormí
Dos miserables horas —Madre de todos los santos… —murmuré mientras me incorporaba mi cuerpo me pesaba, pero no era solo el cansancio. Era esa cosa en el pecho, esa presión constante, ese nudo el miedo la angustia y el recuerdo del sábado cayó sobre mí como un balde de agua fría
Demian
Sentado ahí mirándome tocándome la pierna con esa seguridad que me desarmó más que cualquier palabra. Los cien dólares en mi tobillo como si marcara territorio por un momento cerré los ojos un segundo
¿Qué me va a decir hoy?
¿Me va a ignorar?
¿Me va a confrontar?
¿Me va a mirar como si nada hubiera pasado?
¿O peor… me va a mirar sabiendo todo?
Me levanté aunque mis piernas no querían, mamá todavía dormía. Su respiración tranquila era lo único que me mantenía en pie y todo lo hago por ella, pero ahora no solo cargo con la enfermedad, el trabajo en el bar, la universidad… cargo con su mirada.
Me miré al espejo mientras me recogía el cabello. La misma chica aplicada, la misma estudiante que necesita pasar la materia
Nadie diría que hace apenas horas estaba bajo luces de neón
¿Y si me odia?
¿Y si me juzga?
¿Y si lo que vi en sus ojos no era decepción … sino deseó?
Eso dolería más que ver las miradas de aquel licenciado todo pulcro, todo un hombre, dios, moje las enaguas con solo recordar ese toque, toque que quemó la dicha de mi poca vida, la cordura que estaba por abandonarme si lo tengo otra vez cerca
Porque si algo me destruye no es que me vea bailar, es que me vea menos a él
Tomé aire por que hoy toca cruzar esa puerta, hoy toca verlo de frente y fingir que nada pasó. Aunque por dentro me esté desmoronando del miedo y la anticipación
—¿Cómo te fue el sábado en el bar?— la voz de Gloria me cayó como un balde de agua helada, me olvidaba que ella sabe casi todo en mi vida, odio que sea como el agua. Me detuve en seco en medio del pasillo de la universidad y el ruido de los estudiantes alrededor se volvió lejano, como si alguien hubiera bajado el volumen del mundo
—¿Por qué preguntas eso? —respondí demasiado rápido, error, Gloria me miró con esa cara que solo ella sabe poner. Esa mezcla de sospecha y “a mí no me mientas”
—Porque tienes cara de que viste al diablo… y el sábado trabajaste— tragué saliva, si, vi al diablo, al que todos tememos, si ella supiera que el diablo no solo fue… sino que se sentó en primera fila, bajé la mirada fingiendo acomodar mis cuadernos
—Normal… lleno como siempre. Mucho trabajo— mentia fatal, en verdad
Mentira a medias
Mucho trabajo, sí
Mucho caos interno, también
Gloria entrecerró los ojos
—Alexandra… ¿qué pasó?— ese tono suave fue peor que si me hubiera presionado a golpes. Suspiré —¿Fue alguien?— pregunto aun mas —¿Un cliente pesado?— negué lentamente
—No— levanté la vista y la miré directo —Fue... Demian— el silencio entre nosotras se volvió espeso
—¿Qué? —susurró, tenia tanto miedo como yo
—Estaba ahí. Sentado. Viéndome. Me tocó la pierna… dejó dinero— sentí otra vez el roce de su dedo como si estuviera pasando en ese instante, también la vergüenza volvió, Gloria abrió la boca, la cerró, volvió a abrirla más sorprendida
—¿Te reconoció?— pregunta boba pero real
—Claro que me reconoció —respondí casi en un hilo de voz—. Me miraba como si… como si supiera todo de mí— Gloria respiró hondo, trató de componerse
—Alex… esto ya no es solo un amor imposible. Esto es peligroso— dice lo obvio —Te reconoció bailando, es peligro por donde lo veamos — y lo sabía, por eso el miedo porque no era solo el hecho de que me viera bailar, era la forma en que lo hizo y no había sorpresa en su mirada, había algo más oscuro, más decidido y eso es lo que realmente me tiene sin dormir desde el sábado
—No sé qué va a hacer, Gloria, tengo miedo— dije, ella me abrazo, y todo cobró vida pero al miedo, ahora se algo muy importante, que después del sábado… nada va a seguir igual
—Señorita García, necesito hablar con usted. Ahora— Gloria y yo nos quedamos mudas del miedo, dimos la vuelta y solo encontré, una voz fue firme. Profesional y fría, demasiado fría Gloria y yo nos miramos al mismo tiempo. Sentí cómo su miedo era el reflejo exacto del mío, tragué saliva
—Sí, licenciado —respondí, bajando la mirada como la estudiante correcta que se supone que soy, Gloria apretó mi brazo apenas un segundo antes de soltarme. Seguí a Demian por el pasillo y cada paso retumbaba más fuerte que el anterior. Los estudiantes pasaban a nuestro lado sin notar que, para mí, el aire se estaba volviendo más denso
Entró a un aula vacía cerró la puerta y el clic del seguro sonó demasiado fuerte, dios, me quedé de pie frente a él. Las manos me sudaban. El corazón me golpeaba el pecho como si quisiera escapar antes que yo
Él no habló de inmediato, se quitó el saco con calma. Lo dejó sobre el escritorio y luego me miró. No como el sábado, no como en el bar sino como algo más peligroso, como un hombre que ya tomó una decisión
—¿Desde cuándo? —preguntó finalmente, no necesitaba aclarar a qué se refería. Bajé la mirada.
—No es asunto suyo, disculpe mi atrevimiento —respondí en voz baja, aunque me tembló. Él dio un paso hacia mí, dios, así no
—Eres mi estudiante— me dice como si fuera la excusa perfecta para preguntar
—Y usted es mi profesor —repliqué, levantando la vista por primera vez—. Lo que hago fuera de esta universidad no le corresponde— osada y sin vergüenza, bien Alex, vas bien con tu amor platónico. Silencio total pero sus ojos se oscurecieron apenas
—¿Tu madre sabe?— esa pregunta fue un golpe bajo, lo admito, sabe jugar
—No la meta en esto —susurré pero él se acercó un poco más. No lo suficiente para tocarme lo suficiente para que su presencia me envolviera
—¿Sabes lo que podría pasar si alguien más te reconoce ahí? —su tono bajó, ya no era solo autoridad… era algo más personal—. Este mundo no es amable con mujeres como tú— Mujeres como tú, dios mío que me quiso decir, pero la frase me ardió, cruel y viva
—Mujeres que trabajan para sobrevivir, ¿quiere decir? —contesté, sosteniéndole la mirada—. No me avergüenzo— y era verdad pero me dolía sus palabras, como yo y eso me agotaba me partía en dos. Pero no me avergonzaba y por primera vez vi algo distinto en sus ojos. No juicio, tal vez, preocupación y eso me descolocó más que cualquier reproche
—Alexandra… —dijo mi nombre sin el “señorita” y ahí supe que esto ya no era solo una conversación académica —Lo que pasó el sábado no vuelve a pasar— diablos, mi corazón dio un salto
—¿Qué significa eso?— pregunto, no se como tomarlo, pero su mirada aun más dura y su mandíbula se tensó
—Significa que no volverás a bailar ahí— ¿que?, escuche bien, diantres
No era una sugerencia para mí era una orden y en ese instante entendí algo muy importante, él no vino a humillarme, él vino a reclamar algo, y por algo siento que esto se volvió más peligroso