Dejé que Adriano me guiara. Fue lo más fácil, lo más sencillo… Fue mi sostén durante la humillante revisión frente a la doctora, quien pidió que me desvistiera casi por completo. Adriano se quedó conmigo y todo ocurrió como una nebulosa frente a mis ojos. Tomó mi mano y fue mi voz, pues yo no era capaz de articular palabra en ese momento. La doctora preguntó qué era lo que había sucedido y quién había sido el causante de aquellos golpes. Yo asentí en todo momento, dándole crédito a sus palabras. Adriano me acompañó hasta que hubo terminado. Por suerte, Adriano tuvo la consideración de juntar mi bolso y mi móvil del suelo antes de subir él al taxi, porque yo los había olvidado por completo. –Debes ser fuerte –murmuró en mi oído–. Falta poco para que todo termine. Me llevó luego a su apa

