》ISABELLE《
Estoy pelee que pelee con mi madre, siempre es por lo mismo, ahora me quieren emparejar con el hijo del carnicero, esto es el colmo, soy una mujer de veintiocho años, no soy una niña. Hoy quede de ir a la a una residencial donde me quede de ver con una amiga para enseñarme apartamentos por si puedo pagar alguno.
Mi madre no quería que viniera, pero al final logre salirme con las mías, solamente que me comprometí tener una cita con el hijo del carnicero, con eso ella me dio el permiso. A mi edad andar en esto es ridículo. El taxi que me trajo me dejo muy lejos, rectificando la dirección no estoy cerca de donde me dijo mi amiga que nos veríamos.
Voy a cruzar una calle muy concurrida, me acomodo el vestido que el aire quiere levantarlo, vuelvo a leer la dirección cuando por reflejo veo una personita de vestido rosa corriendo hacia la autopista, miro a todos lados si alguien por lo menos la sigue. En eso escucho que alguien grita a lo lejos de la niña, por instinto corro hacia ella, hay mucha gente, sin embargo, nadie se percata de la presencia de la niña.
Corro lo más que puedo para llegar antes de que ella entre a la autopista, si lo hace uno de los vehículos que pasan a gran velocidad la matara, ella esta por cruzar la línea de seguridad. Cuando ella pone un pie en la autopista le agarro de la cintura suspendiéndola por los aires. A un auto le chillaron las llantas cuando freno, ya que se percató de la niña.
—Estas a salvo pequeña. —La niña asustada me voltea a ver.
—Eres mi mami.
—No cariño, pero si quieres la podemos buscar juntas
—Si quiero. —En eso un hombre aparece, agitado y asustado.
—Cloe, estás bien.
—Si papi, estoy bien, papi ella me va a ayudar a buscar a mi mami.
—No es necesario, ya tu papi vino por ti. —Le digo para que se le desvanezca esa idea.
—Muchas gracias, si quiere alguna recompensa puede llamarme a este número. —El hombre me entrega una tarjeta. Tomo la tarjeta y no le digo nada me dirijo a la pequeña.
—Nos vemos Cloe, no corras así de nuevo, hasta pronto. —El hombre esta por decirme algo cuando miro la hora, salgo corriendo, mi amiga se va a ir, pensara que no vine.
Metí la tarjeta en mi bolso y corrí como loca hasta llegar al lugar donde me vería con mi amiga. Entro a la cafetería cogiendo aire, miro a todos lados, ella se fue, al menos es lo que supongo, cuando estoy por irme ella sale del baño.
—Míriam.
—Isa. —De esta manera me dicen las personas a llegadas a mí— Pensé que no vendrías.
—Tuve muchos atrasos. —Nos sentamos, a platicar— El primero fue mi madre, tuve que aceptar la cita con el hijo del carnicero para que me diera permiso.
—Que pasada, y ¿conoces a ese tipo?
—No, ni lo quiero conocer, ahora, aunque no quiera lo conoceré. Segundo el taxista se equivocó de dirección, me dejo lejos de aquí, cuando me di cuenta el taxi iba lejos.
—En serio, por eso estás agitada.
—Y para rematar, veo como una niña corre a la autopista, vale que llegue a tiempo, un auto o moto la hubiera arrollado.
—¡La salvaste!
—Si, me duelen los pies, el padre me quiso dar una recompensa me dio su número para reclamarla.
—¿La vas a reclamar?
—¿El qué?
—¡La recompensa!
—Estás loca, lo hice por humanidad no por dinero, aunque necesito plata, no me pienso lucrar con una buena acción.
—Bueno lo importante que llegaste, vamos a ver los apartamentos.
Tome mi bolso y nos fuimos caminando, para ver si podía pagarme uno, aunque todavía no lo he hablado con mis padres, sé que van a pegar el grito al cielo, pero llego la hora de salir de su control. Míriam me lleva a un condominio, donde cada apartamento es supercaro.
—No amiga los tres que hemos visto están fuera de alcance.
—No supuse que fueran tan caros, ¡Lo siento amiga!
—No te preocupes, yo tuve la culpa te dije que quería en un lugar seguro, es que en barrio no quiero vivir, más yo que viviré sola.
—¿Entonces ninguno?
—Ninguno, no tengo ni para el primer mes.
Me despedí de mi amiga, regrese a casa donde mi madre, me espera con ansias, ya estoy tan acostumbrada a sus sorpresas que ya no son sorpresas. Ella sale a mi encuentro muy, emocionada.
—Hija, que bueno que regresas, no te imaginas quien vino a verte.
—¿Quién madre? —No queriendo oír la respuesta.
—Freddy, el hijo del carnicero. —No quería oír la respuesta, de inmediato me pego un dolor de cabeza.
Al entrar a la casa veo aún niño sentado, digo niño porque le calculo dieciocho años, el puberto me queda viendo, con ojos libidinosos. Saludo a mi padre quien sonríe casi a la fuerza, mi madre me insta a sentarme, el chico me ve embobado, mirando mis piernas y mi escote.
—¡¡Hey!! Mis ojos están aquí no aquí. —Señalándoles mis pechos. Mi padre se atora con el café.
—¡Lo siento! Mi nombre es Freddy, es un gusto hablar con usted.
—¿Ya me conocías?
—Si, siempre la veo pasar por la carnicería de mi padre.
—Es cierto, me toca pasar por ahí.
—Su padre me invito a comer.
—Que bien, me permite voy a cambiarme de ropa, ya regreso.
Él asiente con la cabeza, esto es el colmo que me quieran emparejar con un niño, para que lo termine de criar, estoy harta de todo esto. Tengo que ver la manera de salir de aquí, antes de que me terminen casando con ese chiquillo. Cuando tire la cartera a la cama la tarjeta de aquel desconocido salió volando.
—Belmont, es el padre de la preciosa Cloe. No, no voy a ser tentada, no voy a pedir recompensa, mejor iré a dejar currículos a las empresas, mañana madrugaré para hacer esas diligencias, solamente por hoy soportaré esto.
Salgo a la salita y el chiquillo está atragantado en la pierna de pollo, en cuanto me ve suelta la pieza de pollo cayendo en el plato y se pone de pie limpiándose las manos en el pantalón. Esto no me puede estar pasando a mí, tengo que salir de esta a como sea.
—Señorita, por favor siéntese a comer conmigo.
—Gracias, pero creo que se espantó el hambre.
—Isabelle, no seas grosera.
—¡Mamá, es cierto!
—Siéntate, no seas descortés, el joven está aquí por ti.
—Papá, di algo.
—Hija siéntese y coma. —Mejor no hubiera dicho nada.
Me siento en mi puesto, la verdad tengo ganas de salir corriendo y no regresar nunca más, mis ahorros son muy pocos, tengo que encontrar empleo para poder librarme de esta dictadura.
—Señorita, le gustaría caminar conmigo. —Está loco, los pies me están matando.
—Ve hija, ya que no tienes hambre. —Mi madre me quita la palabra de la boca.
Me pongo de pie, me puse un jean para evitarle que me esté viendo las piernas y una camiseta, que me queda grande, así no le doy motivos para que babee. Salimos a la calle, él quiere tomarme de la mano, que rápidamente esquivo, que se cree este niño.
—¿Qué es lo que usted pretende jovencito?
—Convertirla en mi mujer.
—No me haga reír, si a usted lo acaban de destetar, para que piense en mujer.
—¡Me está diciendo niño!
—No le estoy diciendo, se lo estoy confirmando, usted todavía no es un hombre para que reflexione en esas cosas.
—Tus padres prácticamente me están incitando a que te tome, que te parece si nos echamos una canica al aire.
—Eres retrasado mental, no que estuviera desesperada, mejor hasta aquí llegamos con esta falsedad.
Detengo mi andar la cólera que siento es grande, más conmigo misma por no tener el coraje de irme, de una vez por todas y que me valga lo que reflexionen de mí. Él me jala del brazo que sin reflexionarlo, le estampe una cachetada, que como todo macho no quiere que una mujer lo ponga en su lugar, me agarra fuerte, que esta por regresarme el golpe cuando mi papi sale de la casa por casualidad y mira la acción.
—Jovencito, ¿Qué le pasa? —Grita mi padre, este es mi momento, suelto en llanto fingido.
—Papito, me quiere pegar, solo porque no le di un beso.
—Eso es mentira, no las cosas...
—Papito llévame adentro. —No lo dejo terminar, esta es mi oportunidad.
—¿Qué paso, viejo? —Mi madre nos sale a recibir al escuchar mi llanto.
Las cosas no me pueden salir mejor, ahora solamente mantener mi drama, el carnicero se fue enojando porque mi padre no le quiso escuchar, más mi llanto fuerte lo interrumpía. ¡Adiós carnicero!