CONVIVIENDO CON LOS RICOS

1433 Words
El señor Belmont me toma del brazo, eso detiene mi andar, me queda viendo con enojo, no conmigo sino como que fuera con él mismo o talvez con ese tipo. En eso sus ojos me miran con preocupación. —¡Estás herida! —No, no creo, apenas me toco. —¡Que estás herida te estoy diciendo! Tú llévalas a adentro que las atiendan. Le grita furioso al pobre chofer que está más nervioso que nosotras dos, Aimé me abraza para entrar a la mansión, me llevo los dedos donde él me señalo, y en efecto tengo sangre, tenía la adrenalina al cien que no me di cuenta a que horas me dio ese golpe. Una de las mujeres sabe primeros auxilios nos atendió, limpiando la herida y poniéndonos gasas. Aimé no dejaba de decirme lo valiente que era y como lo había hecho caer varias veces. —Eres admirable Isa. —No es nada. Tengo hermanos, ellos me enseñaron a defenderme, no le rindo el sombrero a ningún hombre. —Ese idiota no me deja en paz, lo encontré en la cama con otra mujer, no le he contado a mi hermano porque él me lo advirtió mucho antes. Pensé que lo amaba y él a mí, por eso regrese y lo perdone. —Señora un hombre que golpea y engaña si lo hizo una vez siempre lo seguirá haciendo, no tiene que ser tan ingenua creyendo en arrepentimientos falsos, hay que valorarse, más usted que lo tiene todo, belleza, dinero y familia. —Tienes razón, esto se terminó. —¿Cómo están? —El señor Belmont entra furioso a la casa. —Estamos bien hermano. —¿Qué fue lo que paso, porque ese tipo las agredió? —Él me engaño, lo encontré con una mujer, no quiero volver con él. —Mañana presentarás el divorcio, con estas pruebas de los golpes no le darás nada de tu fortuna, me oíste nada. Y tú como fue que terminaste así. —Ella me defendió, Calvin me tenía sometida contra el portón Isa llego justo a tiempo y se enfrentó a él. —Y los hombres de la mansión ¿Dónde estaban? —Yo les dije que no se metieran, podían ir presos, ese hombre podía denunciarlos. —No vuelvas a hacer eso, no eres rival para un hombre. —Ella le dio batalla a Calvin, voy a aprender sus movimientos. —¿Cuáles movimientos? —Indago con curiosidad. —Casi deja sin huevos a Calvin, si no vienes tú ese pobre le hubiera tocado pagar una buena cantidad de dinero en cirugías. —Señora no tanto de esa manera. —Qué pena. Belmont se levanta del mueble y se aclara la garganta como si lo que ella dijo le hubiera afectado, Cloe corre a mis brazos y me toca la gaza que cubre la herida, se lamenta acariciándome. —Tu tía también tiene una. —Pochita mi tía y mi mami, Cloe las va a cuidar. —Ellos se voltean a ver, sé que la niña no debería decir esas cosas, pero ya se lo he dicho de diferentes maneras, no sé, será que me parezco físicamente a su madre, no lo creo, la niña tiene unos rasgos finos, es muy linda. —Isabelle puede ir a descansar hoy es su día libre. —Gracias. —Cloe ve a jugar. —Isa nos vemos en el almuerzo. —Yo pensaba hacer algo para mí. —Gracias, señora. Con su permiso me retiro. —Le digo a él, me marcho para mi apartamento, cuando entro al dormitorio y me veo al espejo, me asusto de lo que veo, mi cabello hecho un nido de pájaros, el desgraciado me alboroto el cabello. Bueno, aunque el de la señora Aimé estaba peor jajaja. Me adentro al baño para quitarme la sensación de que ese hombre puso sus mugrientas manos sobre mí, me arde la piel, vale que mi baño está bien equipado con cremas corporales de calidad, le echo unas esencias al agua de la bañera para adentrarme un rato en ella. —Esta es vida. Me quedo un rato, enciendo mi celular y escucho música relajante, hasta quedarme dormida, no sé cuánto tiempo estuve en esa posición, hasta que unos toques en la puerta me despertaron. Miro mis manos los dedos hechos uvas secas. —Voy, espérenme un ratito. Busco qué ponerme a la carrera, me enrollo una toalla en el cabello, y la bata de baño, para ver de quien se trata, cuando abro la puerta veo a la señora Aimé muy linda y Cloe también como si fueran de salida. —Mujer no te has arreglado. —Me dice ella, entrando junto con Cloe. —Mami, papi nos llevará a comer a un lindo lugar. —Apúrate, vístete. Ellas van demasiado bonitas, no creo que con la ropa que tengo sea de su agrado, me quedo pensativa un momento sin darme cuenta, en eso Cloe me saca de mis pensamientos. —Mami arréglate. —Es que no creo que tener nada de acorde a lo que… —Enséñame tu ropa. Abro el ropero y Aimé empieza a sacar mi poca ropa. Ella se queda parada viéndola por un momento, me avergüenza porque no sé tener ropa elegante ni mucho menos cara, soy una ahorradora compulsiva. —Espérame un momento. —Ella sale por un rato después regresa con una bolsa, saca el contenido y es un hermoso vestido casual, pegado al cuerpo de color ocre, no considero tener el mismo cuerpo de ella, ellas me animan que me lo pruebe, admirable me queda perfecto. —Miren como me queda. —Te ves diferente, ahora veamos que podemos hacer con ese cabello. Ella saca la plancha que no sé usar, y estira mi cabello, Cloe alaba lo que la tía hace conmigo. Cuando termina de alisarlo me maquilla de manera natural, nada que ver a como me maquillo. Al verme al espejo miro a una mujer elegante y rica, realmente mujer fea no hay mal arreglada sí. Claro por falta de dinero. —Vámonos mi hermano nos espera y él que no tiene paciencia. —Todo por mi culpa. —Chica, pero lo valió estás hermosa. —Gracias a usted. —De ahora en adelante te enseñaré algunos trucos de bellezas. —Muchas gracias. Salimos de mi Apartamento ellas me llevan en medio, vamos riendo de los elogios de la pequeña, que no deja de admirarme, eso da mucha vergüenza. Al llegar al patio principal sale el señor Belmont quien se queda viéndome de pie a cabeza, un rato, hasta que su hermana le habla, él se aclara la garganta. —Vámonos se nos hace tarde, la reservación la hice a para las doce. Él va conduciendo, me subo con Cloe en la parte trasera, la señora se sube en el asiento delantero, el vestido me llega un poquito debajo de la rodilla, muy decente. Me gusta este estilo que ando, si me presento así en mi casa se quedarían con la boca abierta. Más mi madre, mi viejita que tiene una mentalidad tan cerrada, realmente los extraño. —¿Qué tienes mami? —Nada cariño. Mira las casas, cuenta los carros y los colores, ¿Te gustaría hacer eso? —Sí. —De esa manera hice que la niña se distrajera y no me indagara más. Después de un rato llegamos al restorán donde nunca pensé poner un pie en toda mi vida, los alimentos aquí son carísimos, da un pesar dar tanto dinero por tan poca comida. Entramos una a cada lado de él Cloe tomada de mi mano, un camarero nos da la bienvenida sentándonos en una mesa muy elegante. —¡Alguna bebida en especial! —Tráiganos Champán. —Yo no bebo alcohol, pero no dije nada, además estoy con ellos, lo probaré por primera vez. Miro nuevamente el menú, me quedo en el limbo con los nombres no sé que serán o lo peor del caso si me gustaran, no sé que elegir, miro una y otra vez, para ver si el nombre me lleva a algo conocido. —Isa, comamos esto, yo tampoco lo he probado, si no nos gusta lo dejamos y ya. —Está perfecto para mí. —Esto pídenos hermano. —Está bien, para Cloe pediré lo de siempre, no hay falla con ella. —Si Cloe quiere eso. Todo marchaba muy bien hasta que se presentó una familia que los incomodo tanto al señor Belmont y Aimé. Cloe la miro después y volteo a ver a su papá y salió corriendo, gritando Abuelos.
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