LII La Señora levantaba con tal elegancia esa taza de té, que era imposible no observarla con fascinación. Solo detuvo su bebida cuando Nathaniel llegó a contarle lo de Cortez, ahí su expresión se hizo más severa, si acaso era posible. Veía a su protegido con ese bebé en los brazos llenos de tatuajes, sonriendo de auténtica felicidad por la creación en la que había logrado ayudar. Ya Nathaniel se había dado una ducha, estaba mucho más lúcido, más atento a la realidad de su bebé. La manta de Viktor tuvo que ser reemplazada, pues en un inicio quedó manchada con la sangre que tenía el padre por doquier y esa no era una bella imagen. Todos esperaban que Mary despertara de la anestesia, para que su bebé se diera su primer banquete, que de seguro iba a ser largo y tranquilizador para el pequeñ

