XXVII Apenas si se podía mantener de pie, todo en su ser estaba muy cansado. Podría ser enorme, podría exudar testosterona más que cualquiera, pero seguía siendo un humano y esa jornada de trabajo resultó agotadora en extremo. Por más que lo intentara, no lograba entender todos los términos técnicos, él era el jefe, sin embargo, su trabajo se resumía más en la parte organizacional. Entró despacio, no deseaba alterar a su servidumbre que dentro de poco empezarían con sus labores. Al levantar un poco la mirada para empezar a ir por las escaleras, la vio a ella, a su preciosa esposa, esperándolo con una expresión algo angustiada por haberse tardado más de lo normal. —Nathaniel… no te ves nada bien… —dijo ella también en susurros, que se hicieron eco en el lugar. —Mary… no deberías estar

