55. El mundo es un pañuelo —¿Con quién hablabas? Darío gira apenas el rostro hacia mí, como si no valiera la pena un movimiento completo. Su expresión es esa sonrisa burlona que conozco tan bien. La misma que usaba cuando manipulaba a los demás creyendo que yo no me daba cuenta. —No te incumbe. Hace una pausa, como para que el golpe duela más, y añade con frialdad: —Y por cierto, no te quiero aquí. Sería mejor que regreses a tu departamento. Me lo dice sin rodeos, sin una pizca de tacto. Su voz es hueca, como si ya no le importara lo que pueda sentir. Pero no discuto. No esta vez. No porque esté de acuerdo… sino porque necesito tiempo. Espacio. Estrategia. Supongo que hablaba con esa maldita francesa. Esa Margot que ha aparecido como una sombra elegante, dispuesta a robar lo que es

