34. ¿Eres maestro de los besos? POV Lucía A veces, el silencio pesa. Otras, alivia. Y esta día… pesa al principio, pero luego se convierte en refugio. ***** Llegamos a la cabaña junto al lago poco antes del atardecer. Es rústica pero acogedora, con grandes ventanales que dejan entrar la luz dorada, una chimenea de piedra y un pequeño muelle que se extiende sobre el agua. Mateo corre por la sala, explorando todo como si fuera un tesoro recién descubierto. —¡Tiene una chimenea de verdad! ¿Puedo hacer malvaviscos? —Claro —respondo. —Pero después de la cena. Primero… hay que ganarse el hambre. Volteo a ver a Alexander, que nos mira con una sonrisa suave en el rostro. —Este lugar… es precioso. —Me alegra que te guste. —¿Sueles venir aquí? —En realidad, solo una vez y fue casi entrad

