Introducción
Desde tiempos antiguos, el deseo de poder ha gobernado al hombre. Tanta fue su hambre, que la oscuridad terminó por consumirlo.
Los antiguos Celtas invocaron a Dragmindhir; un demonio ancestral expulsado del cielo. Él vertió su sangre en una copa, y quienes bebieron de ella dejaron de ser hombres... para convertirse en los primeros Strigoi. Demonios de la noche sedientos de sangre, condenados a la inmortalidad.
Dicen que la sangre es el secreto de su eterna juventud. Y que en la noche, su poder crece hasta volverse casi divino. Su fuerza es sobrehumana. Su velocidad; antinatural. A simple vista parecen humanos… pero cuando se transforman, su piel palidece como la luna, sus dientes se convierten en colmillos, sus uñas en garras, y sus huesos se rompen y retuercen hasta formar alas negras para volar entre la oscuridad.
Así nacieron los Strigoi originales.
Sirvieron a los Celtas como armas vivientes. Expandiendo sus dominios desde las Islas Británicas hasta Asía menor. No hubo poder humano que pudiera detenerlos. Hasta que un día, cansados del maltrato y la esclavitud de los druidas, se rebelaron. Tomaron el control de sus propias tierras y extendieron su dominio como una plaga hasta los principados europeos. No hubo poder humano que pudiera detenerlos.
Desesperados, los Celtas volvieron a invocar a Dragmindhir, quién derramó su sangre por segunda vez, parte de ella cayó sobre la tierra salvaje. Y de esa sangre maldita y la rabia de la luna nació otra abominación: los Lycans. Hombres que bajo la luna llena pierden su forma humana para convertirse en bestias. Más rápidos que el viento, más fuertes que el acero, pero esclavos de su propia furia.
Así fue como los esclavos se rebelaron contra el hombre, y una disputa entre dos clanes surgió. Todo con tal de tener el dominio total sobre la r**a humana.
No fue hasta el siglo XIII que la humanidad se atrevió a alzar la voz. Y con la bendición de la Iglesia y la plata forjada en fuego sagrado, se creó la Orden de los Cazadores: hombres entrenados para matar, para cazar, para arrancar el corazón de un monstruo sin temblar.
Sólo ellos pudieron hacerle frente a las bestias de las tinieblas; quienes después de sangrientas e innumerables batallas, lograron llegar a una tregua con ambos clanes.
Una tregua que perduraría por casi doscientos años.