Ronan
Encontrar a Liora en plena crisis en su habitación fue devastador.
No hay otra palabra.
Verla así… perdida, luchando contra algo que no podía ver… me arrancó algo por dentro.
Y la insinuación de Carson…
Que yo causé esto.
Aprieto la mandíbula.
No.
No puedo permitir siquiera pensar eso.
—Dejemos que Eric regrese y seguimos esto en mi oficina —digo finalmente, con la voz tensa—. Quiero a todos los disponibles rastreando la ciudad. Encuentren a ese lobo.
Porque si él es su pareja…
No sé qué haré.
Fui yo quien se alejó de ella.
Yo.
Por su bien.
Aunque me estuviera destrozando en el proceso.
Pero ¿y si al hacerlo… la empujé directo hacia él?
Una risa amarga me cruza la mente.
El destino tiene una forma cruel de equilibrar las cosas.
Una bofetada perfecta.
Miro a Liora una última vez desde la puerta de la clínica.
Ahí, en esa cama.
Frágil.
Rota.
Y aun así… hermosa.
Exactamente como la primera vez que la vi.
Salir de esa habitación se siente como arrancarme la piel.
Pero lo hago.
—Quiero que revises todas las cámaras posibles, Carson —gruño ya en mi oficina, apoyando las manos en el escritorio—. Calles, entradas, lo que sea. Jalena dijo que no lo conocía… y que no tiene cámaras en su local.
Carson se cruza de brazos.
—¿Crees que miente?
—No lo sé —respondo, pasando una mano por mi cabello—. Pero algo no encaja. Y no me gusta no saber qué.
Ese mal presentimiento… ese cosquilleo incómodo en el pecho…
No desaparece.
Y eso me pone peor.
Estoy agotado.
Sin dormir.
Con demasiadas cosas acumulándose.
Estoy irritable.
Al límite.
Y dentro de mí… Barack está peor.
Está empujando.
Insistiendo.
Gruñendo.
A una sola chispa de tomar el control y destrozar todo a su paso.
Si lo dejo salir…
Irá directo a ella.
O al pueblo.
A buscar a ese supuesto “pareja”.
Ambas opciones son un desastre.
Y convencerlo de lo contrario… se está volviendo cada vez más difícil.
Hay algo que no cuadra.
Si ese cambiaformas realmente es su pareja…
Su lobo debería haberla encontrado.
El vínculo debería haberlo guiado directo hasta aquí.
Pero Liora…
No tiene a Selena completamente conectada.
Su aroma es más débil.
El vínculo… tal vez inexistente para ella.
Y eso cambia todo.
Si ella no puede sentirlo…
¿Cómo demonios vamos a saber si él es real?
O si está mintiendo.
Y ahí es donde mi cabeza vuelve a lo mismo.
¿Quién mentiría sobre algo así?
¿Por qué?
La respuesta es simple.
Porque alguien quiere algo.
Y no me gusta ser una pieza en el juego de nadie.
—Tenemos que sacar a Selena —digo finalmente, mirando a Carson—. Si tiene una pareja destinada, no va a poder sentir el vínculo sin ella. Es la única forma de confirmar esto.
Carson arquea una ceja.
—¿Ah, sí? ¿Y cómo te fue la última vez que intentaste eso?
Lo fulmino con la mirada.
—No estaba llorando.
—Claro que no —responde, sonriendo con descaro—. Estabas… profundamente emocional.
—Idiota.
—Estabas de mal humor. Y parecías estreñido.
—Eso ni siquiera tiene sentido.
—Tiene todo el sentido del mundo si te hubieras visto.
Resoplo, perdiendo la poca paciencia que me queda.
—Cállate y ve a la maldita peluquería. Habla con Jalena otra vez.
Carson se encoge de hombros, divertido.
—¿Y tú? ¿Vas a “hablar con Eric”… o a ver a tu pequeña loba?
Aprieto los puños.
—Fuera, Carson.
—Tocaste un nervio —murmura, riéndose mientras se dirige a la puerta—.
—¡FUERA!
La puerta se cierra de golpe.
El silencio cae.
Pesado.
Me quedo solo.
Pero no realmente.
Barack sigue ahí.
Inquieto.
Hambriento.
Obsesionado.