Cap 29

994 Words
Liora —Cállate la boca, imbécil. Tus padres están muertos. Tu casa ardió. Tu hermanita cuelga en el patio. No te queda nadie más que yo… y vas a escucharme y obedecer cuando yo lo diga, zorra omega. La voz del guardia todavía vive dentro de mi cráneo, como un eco sucio que no sabe morir. Siento otra vez el tirón brutal de mi cabello, mis rodillas raspando el suelo, las patadas obligándome a levantarme cuando el cuerpo ya no podía más. Todos muertos. Familia. Personal. Todo reducido a cenizas por lo que soy. No fui tan ingenua como para creer que aquel secuestro era solo por ser omega. Si ese fuera el motivo… también se habrían llevado a mi hermana. El pensamiento me duele y me alivia al mismo tiempo. Culpa y consuelo mezclados como veneno dulce. —Quédate de rodillas y desátame el cinturón, princesa. El recuerdo se rompe. Regreso de golpe al presente con la respiración deshecha. Mi visión tiembla… y entonces Ronan está frente a mí, inclinado, hablándome con una calma que no logro entender. Sus palabras llegan distorsionadas al principio, como si el mundo estuviera bajo el agua. Ataque de pánico. Otra vez. Pero su voz… su voz es firme. Me guía. Me ordena respirar. Obedezco. Poco a poco, el aire vuelve a entrar en mis pulmones sin quemar. La presión en mi pecho se afloja. El miedo retrocede, a regañadientes, como una bestia encadenada. Ronan besa mi coronilla. Intento fingir que no lo noto, aunque el calor que sube a mis mejillas me delata cuando cruzo su mirada en el espejo mientras le indico a Jelena dónde quiero el corte. Este alfa cree que puede mantenerme a salvo. Solo espero que tenga razón. Horas después, me pongo de pie… y casi no me reconozco. Capas suaves de cabello blanco caen por debajo de mi pecho, con volumen, movimiento, vida. Libre. Después de diez años… libre. No puedo dejar de sonreír. Ronan parece leerme el pensamiento. Se inclina apenas y murmura: —Sí… eres libre y hermosa, lobita. Y justo cuando creo que no puedes sorprenderme más… lo haces otra vez. El rubor vuelve. Maldito alfa. Él paga el corte, observa el exterior con atención instintiva y luego me guía hasta su camioneta, asegurando el cinturón con un cuidado que me aprieta algo profundo en el pecho. Conduce por el pueblo, pide comida para llevar y termina llevándome a un parque. Le agradezco en silencio que no me obligue a comer frente a otros cambiaformas. Aún no estoy lista. La manada es enorme. Aquí afuera todo se siente… en paz. Como si el aire mismo protegiera. Comemos. Ronan habla en voz baja. Y yo, temblando por dentro, tomo una decisión antes de poder arrepentirme. Le entrego el teléfono. Me gustó todo lo que vi hoy. Creo que quiero ser parte de la manada. Una de verdad. Sus ojos verdes se iluminan mientras lee. —Me encantaría que te unieras, pequeño lobo. Solo quiero asegurarme de que lo dices en serio. Sería un honor para mí. Hace una pausa suave. —Normalmente hay una ceremonia… pero podemos esperar. Tú decides. Asiento, aunque la idea de una ceremonia me abruma. —También tendrás que decir algunas palabras cuando recibas la marca de la manada —añade—. Deben ser pronunciadas para que la marca funcione. Eso me detiene a mitad del bocado. —Tranquila —dice enseguida—. Tienes tiempo. No voy a echarte. Pero quiero escuchar tu voz cuando estés lista. Lo miro… y continúo comiendo. Las preguntas empiezan a girar dentro de mi cabeza como hojas en tormenta. Escribo otra vez. Él sonríe. —Te estás volviendo buena con eso, pequeño lobo. Le entrego el teléfono. ¿Tendré que mudarme cuando sea m*****o de la manada? Ronan piensa un momento. —Esa suite suele reservarse para invitados especiales. Estás cómoda allí… y parte de mí quiere que te quedes. Suspira apenas. —Si algún día prefieres compartir habitación, siempre podrás mudarte dentro de la casa de la manada. Otra pregunta arde en mis dedos. ¿Dónde viven los cambiaformas con pareja? Leer eso parece incomodarlo… y a mí me revuelve el estómago. Porque existe alguien destinado para mí. Tal vez no esté aquí. Tal vez sí… y entonces perdería esto. Perdería a Ronan. Él aclara la garganta. —Las parejas viven en casas dentro del pueblo. Cuando se encuentran… entran en celo. No sería seguro tener a un lobo en celo en un edificio lleno de cambiaformas sin pareja. Asiento en silencio. Escribo de nuevo. ¿Me iré cuando encuentre a mi pareja? Sorpresa breve en su rostro. Luego, algo parecido a nervios. —Probablemente construiría una casa en el bosque… entre el pueblo y la casa de la manada. Su voz baja un poco. —Espero encontrarla pronto, Liora. Casi tengo treinta… y hay cierta presión. Preferiría mi compañera destinada antes que una elegida… pero si la eligiera, sería la mujer más hermosa, honesta y fuerte posible. Sonrío. Una sonrisa que no llega a mis ojos. Porque solo puedo pensar en lo que significaría perderlo. Ronan comienza a recoger los restos del almuerzo, pero de pronto se queda inmóvil, mirando hacia el bosque. Lo veo inhalar el aire un par de veces… alerta. Luego vuelve a mí. —Gracias por almorzar conmigo, pequeño lobo. Y por recorrer la manada. Una suavidad extraña cruza su mirada. —Tengo reuniones pendientes. Deberíamos regresar. Se pone de pie y extiende la mano. Deslizo mi palma en la suya y dejo que me guíe de vuelta a la camioneta, donde abrocha mi cinturón con ese cuidado que ya empieza a sentirse peligroso. Estoy agotada. Llena. Una siesta me llama desde la distancia. Antes de subir, lo sorprendo mirando otra vez alrededor… como si buscara algo que no puede ver. Me pregunto qué siente. O a quién. Y por qué, de alguna forma imposible… espero que me esté buscando a mí.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD