Cap 32

709 Words
Ronan Estoy caminando en círculos por mi habitación, pasándome las manos por el cabello, repasando cada mensaje que intercambié con Liora. Le di su primer beso. Y ella… no está molesta. Si no hubiera sido tan egoísta, si hubiera tenido más control, tal vez habría podido elegir cuándo y cómo vivir esa experiencia. Con más calma. Más intención. Más fuego. ¿Me siento culpable? Sí. ¿Me arrepiento? No. Ahí está el problema. No puedo dejar de pensar en cómo debí hacerlo. Más lento. Más profundo. Explorando. El pensamiento no ayuda en absoluto a mi concentración. Saber que está justo al otro lado de la puerta hace que sea casi imposible no ir y besarla de nuevo. Esta vez como se merece. Necesito correr. Conecto mentalmente con Carson. —¿Estás por ahí? Necesito despejarme. —Vaya momento eliges. Estaba a punto de afeitarme la línea del bikini. —Nos vemos en el bosque, idiota. —Luego no te quejes cuando veas lo descuidado que estoy. Corto el vínculo antes de responder. El aire nocturno es fresco. El otoño está cerca. Me interno en el bosque detrás de la casa de la manada, me quito la ropa y la dejo junto a un árbol. El cambio me atraviesa en un instante. Antes de tocar el suelo, Barack ya está en control, sacudiendo su pelaje n***o. Minutos después, el lobo gris de Carson se une a mí. Corremos. El viento atraviesa el pelaje. La tierra vibra bajo las patas. La luna, casi llena, observa. Horas después, descansamos bajo su luz. —¿Vas a decirme qué te tiene tan alterado? —pregunta Carson. —Metí la pata. Una metida de pata agradable… pero igual. —¿Mataste al tipo de la mazmorra? —No. Le faltan más dedos, por cierto. Se ríe. Luego espera. —Intenté ayudar a que Selena saliera. En cambio… besé a Liora. Fue un segundo. Me aparté. Y después me dice que fue su primer beso. Se lo quité. Y me agradeció. —Entonces la besaste, le gustó y estás aquí conmigo en vez de estar viendo cómo se ve desnuda. Un gruñido bajo escapa de Barack. —Cállate. Después de todo lo que ha vivido… no quiero ser otro alfa que toma. No quiero añadir más confusión a su cabeza. —No te compares con esos monstruos —responde firme—. Te dijo que le gustó. Confía en ti. No tenía que hacerlo, pero lo hace. Si no hubieras estado con ella cada día, probablemente estaría rota en una esquina. Y no lo está. Guardo silencio. —¿Y si encuentra a su pareja destinada? ¿O yo a la mía? No quiero romperla más. —Ya está rota, Ronan. Igual que tú. Tal vez se ayuden a sanar. Y si aparecen sus parejas… entonces hablarán como adultos. O le arrancas la garganta al tipo y la reclamas. Ambas opciones son sólidas. Resoplo. Tiene razón en algo. —Un día a la vez —añade—. Ella pasó años sin poder planear el mañana. Asiento. Regresamos. Ya es pasada la medianoche cuando me ducho y me dejo caer en la cama con pantalones grises y nada más. El cansancio empieza a pesar. Entonces lo escucho. Un gemido bajo. Un golpe sordo. Me incorporo. Viene de la habitación contigua. Sé que le dije a Liora que su lado está cerrado… pero nunca le mencioné que tengo llave maestra. La tomo del cajón y entro. La cama está vacía. Las sábanas en el suelo. Otro quejido. Me arrodillo y miro debajo de la cama. Un pequeño lobo tiembla allí. Enroscado. Pateando contra la madera. Atrapado en una pesadilla. Se me aprieta el pecho. —Pequeño lobo… shhh… soy yo. Ronan. Estás a salvo. Despierta. La tomo por los hombros, firme pero suave. Deja de patear, pero sigue gimiendo. —Despierta. Solo es una pesadilla. Nadie puede tocarte aquí. Sus ojos verde azulado se abren lentamente. Confusión. Respiración acelerada. Estoy medio metido bajo la cama con ella, aplastado contra el suelo, y no me importa. —Ya pasó —repito. Su respiración empieza a acompasarse. Su mano rodea mi muñeca. Inhala. Exhala. Nos quedamos así. A centímetros. Mirándonos. Esperando a ver quién rompe primero el silencio.
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