Todavía me cuesta creer lo que acababa de ver, pero más aún, el hecho de haber disfrutado no solo vengándome de él, sino también con verlo vestido de esa manera. Me temo que he desbloqueado una nueva fantasía en el mundo real. No puedo imaginar a Emmanuel vistiendo una prenda así. Emmanuel, a diferencia de Óscar, tiene sus nalgas velludas y no creo que se vea así de sexi. Nada más de pensarlo sentí escalofríos.
Estuve toda la mañana observando desde mi escritorio la puerta de la oficina de la Sra. Collins. Él no ha salido de ahí y han pasado alrededor de cuatro horas desde que lo dejé solo. Había estado sonando el intercomunicador a propósito, con tal de llamar mi atención, pero le bajé el volumen para que no interviniera con mis tareas. Con lo asustado que se encontraba, es extraño que haya desistido tan rápido.
Sentía curiosidad de saber qué ha estado haciendo ahí encerrado, como para que esté tan tranquilo y en silencio. En realidad, el que no haya almorzado no me mueve, es más bien su silencio. Me fastidia no poder ignorar el asunto y olvidar que está ahí.
Antes de abrir la puerta, la toqué solo para evitar encontrarlo en alguna movida turbia. Mi brazo se vio atrapado por su fuerte mano y me arrastró dentro de la oficina, tirando la puerta y acribillándome detrás de ella.
Lo observé de arriba abajo, tras verlo vestido con el traje amarillo que guardaba la Sra. Collins en el armario. Las mangas no le encajaban bien en los brazos por sus músculos y la tenía a mitad de brazo, mientras que de corto le quedaba a mitad de muslo. No sé por qué vinieron a mi mente varias escenas que vi en un cómic para adultos, donde aparecía un hombre vestido con un traje. No pensé encontrar algo sexi en este presumido de pacotilla.
—¡Así te quería atrapar, maldita! Devuélveme mi pantalón, o de aquí no te dejaré salir ni en una pieza.
—Esa actitud no encaja con lo que llevas puesto — desvíe la mirada, ocultando la sonrisa que se había formado en mis labios—. Como verás, no lo traje conmigo, por la misma razón de prevenir que intentaras algo.
—Ya tuve suficiente de ti. Voy a asegurarme de que mi madre te eche de patitas a la calle.
—Puedes intentarlo, es solo que debes tener claro que pienso dar una… — miré hacia abajo y se cruzó de piernas—, explícita versión de los hechos. Para lo asustado que te ves, no es fácil darse cuenta que tu mamá no sabe nada de esto. Sería muy vergonzoso para la Sra. Collins ver a su único hijo haciendo estas perversiones en su oficina.
—¿Así que intentarás persuadirme? ¿En qué versión crees que confíe mi madre? ¿En la de una simple empleada o en la de su hijo?
—Pongámoslo a prueba, ¿te parece? ¿Qué tal si la llamamos ahora mismo y le pedimos que venga? — sonreí maliciosa—. Se pondrá tan feliz de verte con ese traje que con tanto recelo guarda en su armario.
Le dio un golpe a la pared y se alejó hacia el escritorio.
—¿No te fue suficiente con haberme dejado aquí encerrado, que ahora también le sumas esto?
—No recuerdo haberte encerrado. La puerta estaba sin seguro.
—Ya estamos a la mano. Considero que te has vengado lo suficiente de mí. ¿O me dirás que no es eso lo que querías?
—¿Te parece que algo como esto es suficiente para todo lo que me hiciste?
—Pues, ¡¿qué más quieres?!
Todavía recuerdo la humillación tan grande que me hizo delante de todo el colegio, no solo hablando mal de mi persona, sino también de mi aspecto. Aunque no podré cambiar nada de lo que pasó, no desaprovecharé esta oportunidad de hacerle experimentar la misma o hasta la peor humillación de todas.
—Levanta el traje.
—¿Qué?
—Se nota que te gusta exhibirte, pude notarlo al llegar, entonces mostrar otro poquito, no creo que sea tan difícil para ti. Muéstrame cuán perra luces con ese hilo dental.