—¡Imbécil! —le grité mientras recogía mis libros para irme a trabajar. —¡Bruja! —gritó desde el baño. —¡Eres un idiota! ¿Vas a comenzar con la misma cantaleta de siempre? Seth salió del baño, abotonando las mangas de su camisa de aviador. ¡Dios! ¿Por qué tenía que lucir tan sexy? —¡Solo contesta! ¿Hiciste el amor con ese tal Max? Puse los ojos en blanco mientras me ponía de pie y acomodaba mi falda. Hacía dos semanas habíamos decidido vivir juntos, y él no había dejado de insistir con el maldito tema. —¿Por qué debería de contestarle? ¿Acaso te he preguntado algo sobre Megan? —¡Porque no tengo nada que ocultarte! —gritó, acomodando su corbata frente al espejo—. ¡Megan no es importante! —No voy a decirte nada —espeté, mientras caminaba hacia el armario. Suprimí una sonrisa mordién

