bc

La Venganza de la Esposa Reemplazada

book_age18+
0
FOLLOW
1K
READ
contract marriage
second chance
heir/heiress
city
office/work place
addiction
substitute
like
intro-logo
Blurb

Durante tres años de matrimonio a puerta cerrada, Camila fue la esposa perfecta pero invisible para Damián King, el frío y multimillonario magnate de la tecnología. Ella aceptó el acuerdo para salvar a su familia, soportando el desprecio de la alta sociedad y la frialdad de su esposo, quien solo la veía como un reemplazo temporal para cubrir las apariencias.

El día en que el primer amor de Damián regresa del extranjero, él le entrega a Camila los papeles del divorcio con una suma de dinero. Sin embargo, en lugar de llorar, Camila firma los documentos, se quita el anillo y desaparece por completo esa misma noche.

Semanas después, en la gala empresarial más importante del año, Damián queda paralizado cuando se presenta a la nueva CEO de la corporación rival: es Camila, luciendo radiante, poderosa y del brazo de otro hombre poderoso. Por primera vez en su vida, el arrogante multimillonario comprende el vacío que dejó y hará lo que sea necesario para recuperar a la mujer que destruyó.

chap-preview
Free preview
EL ACTO FINAL
La lluvia golpeaba las ventanas del piso treinta y cinco con una precisión casi vengativa. Desde allí, la ciudad entera parecía un tablero de ajedrez gris, y Camila Reyes King se preguntó, brevemente, si alguna vez había visto algo tan desolador. O quizás era solo la oficina de su esposo. La oficina de su ex esposo, se corrigió mentalmente, aunque los papeles aún no estaban firmados. Aunque su corazón aún no había recibido el memorando. Damián King estaba de pie junto a la ventana de piso a techo, su silueta recortada contra el cielo turbio. Traje de Ermenegildo Zegna, color carbón. Corbata de seda italiana. Todo en su persona era una orquestación de control y frialdad, desde el cabello perfectamente peinado hacia atrás hasta los puños de su camisa con iniciales bordadas en el costo de un coche económico. No se giró cuando ella entró. Camila lo supo porque había estudiado sus movimientos durante tres años. Sabía cuándo iba a girarse. Sabía cuándo iba a ofrecerle algo de beber, un gesto de cortesía que siempre sentía como una puñalada disfrazada. Sabía que esta vez, no se giraría hasta que ella hablara primero. No habló. En cambio, cerró la puerta detrás de ella con un clic suave que sonó definitivo, como el cierre de un ataúd. Sus tacones—los mismos Louboutin que Damián le había comprado tres años atrás, porque incluso entonces sabía cómo comprar obediencia—resonaron contra el piso de mármol n***o mientras caminaba hacia su escritorio. Un escritorio de caoba maciza, tan grande como algunos departamentos de verdad, con una placa que decía “Presidente Ejecutivo” en letras doradas. Ella nunca tuvo placa. —Llegas tarde —dijo Damián, aún sin girar. Su voz era exactamente como siempre: sedosa, controlada, con ese acento indefinible que sugería que había vivido en París, Nueva York, y Milán, pero pertenecía completamente a ningún lugar. El acento de un hombre que pertenecía solo a sí mismo. —Tuve un almuerzo —respondió Camila. Era mentira. Había estado en su departamento de alquiler, practicando esto. Practicando ser una mujer que puede recibir los papeles de su divorcio sin que sus manos tiemblen. La práctica no había funcionado. Pero sus manos no temblaban ahora. Era algo pequeño. Era todo. —Con quién —preguntó Damián. No era una pregunta. —¿Te importa? Ahora se giró. Cuando lo hizo, Camila tuvo que recordarse a sí misma por qué alguna vez lo amó. Por qué, en algún punto, mirarlo se sintió como mirar hacia el futuro. Damián King era hermoso en la forma en que una espada es hermosa: peligroso, preciso, y completamente incapaz de amar. Su mandíbula era cincelada. Sus ojos eran de ese gris que no existía en la naturaleza, solo en los sueños perturbadores de mujeres que deberían conocer mejor. Durante tres años, ella fue una de esas mujeres. —No —dijo finalmente—. No me importa. El impacto de esas palabras fue pequeño. Apenas un temblor. Pero ella lo vio en sus ojos, ese parpadeo microscópico de algo que podría haber sido dolor, si Damián King fuera capaz de sentir algo tan humano. Él no lo era. Se movió hacia su escritorio con la elegancia de un depredador. Encima había una carpeta Manila, delgada como una cuchilla. Los papeles del divorcio. Camila había leído cada página hace dos semanas. Su abogado le había advirtió, usualmente, que pidiera más. Mucho más. Que ella era la esposa abandonada, técnicamente. Que tenía derechos. Ella sabía que Damián le había dado exactamente lo que merecía en sus ojos: nada. —Aquí están —dijo, deslizando la carpeta sobre la superficie vidriada del escritorio. Los papeles se deslizaron hacia ella como una invitación a una ejecución. Camila no los tocó inmediatamente. En cambio, miró a su marido. Su casi-ex, se corrigió. Notó la corbata que llevaba. Era una que ella le había comprado en Hermès, durante el único viaje que hizo a París “sin ella”. Lo cual significaba que la viajó con Valentina Suárez, aunque en ese entonces Valentina era solo “una colega”. Una colega que aparentemente tenía los mismos gustos en corbatas de $800 que Camila. O quizás, pensó Camila con una claridad que la asustó, Valentina ni siquiera sabía que Damián estaba usando un regalo de su esposa abandonada mientras llevaba a su novia a galas de beneficencia. Cuán perfectamente patético. —¿Hay algo que quieras discutir? —preguntó Damián, retornando a su silla de cuero n***o que costaba más que la educación de muchas personas. Se recostó como un rey esperando ser entretenido. —¿Por ejemplo? —preguntó Camila, finalmente extendiendo la mano hacia la carpeta. —Nunca fuiste una mujer que aceptara un acuerdo sin pelear —respondió. Había algo en sus ojos que podría haber sido fascinación en otra vida. En otra vida donde él era capaz de ver a las personas. Donde podía, incluso por un segundo, considerar que el corazón que estaba rompiendo era real. Camila abrió la carpeta. Las primeras páginas contenían la división de activos. Él se quedaba con la mansión (por supuesto). Ella recibía cinco millones de dólares como “acuerdo de compensación”. Que era una broma. Que era un insulto disfrazado de generosidad. Pero ella sonrió. —¿Qué es esto? —preguntó Damián, sus ojos entrecerrados. Camila no respondió. Simplemente continuó sonriendo mientras leía. Página tras página de su muerte matrimonial, escrita en legalese aburrido y frío. Página tras página en las que ella desaparecía. Cuando llegó al lugar de la firma, tomó una pluma de la bandeja de Damián. Fue deliberado, ese acto de tomar algo de su espacio sin permiso. Pequeño. Petulante. Real. Firmó su nombre con una caligrafía perfecta. Tres años de matrimonio. Reducidos a una línea sobre un papel blanco. —Espera —dijo Damián, alcanzando hacia ella. Pero ya era demasiado tarde. La pluma había dejado caer su tinta. El papel había absorbido su firma. El divorcio había sido consumado. Camila se inclinó hacia atrás en su silla, la carpeta completa en su regazo ahora, y lo miró directamente. Por primera vez en ese encuentro, se permitió ver a Damián completamente. No el hombre que amó. No el ejecutivo que respeta. Solo un hombre que tenía exactamente lo que merecía: nada más que a sí mismo. —¿Sabías que después de un divorcio, la mayoría de las mujeres pasan un promedio de dos años antes de poder dormir profundamente de nuevo? —preguntó Camila, su voz tan suave como el sedal de una caña de pescar, igual de mortal. —No —respondió Damián, pareciendo desconcertado por la pregunta—, no lo sabía. —Ahora lo sabes —respondió ella, poniéndose de pie. Colocó los papeles firmados sobre su escritorio. Luego se giró y caminó hacia la puerta con la misma frialdad que él exhibía. Sus pasos no temblaban. Sus manos no temblaban. La única parte de ella que temblaba era algo muy profundo adentro, algo que ella cuidadosamente selló en un compartimento muy pequeño de su corazón, etiquetado: “Después”. —Camila —llamó Damián cuando ella llegó a la puerta. Ella pausó, pero no se giró. —Espero que encuentres lo que buscas —continuó. Había algo en su tono que podría haber sido lástima, pero ella rechazó esa interpretación con tanta fuerza que casi le duele. —No busco nada —respondió Camila, abriendo la puerta—. Simplemente estoy tomando lo que siempre fue mío. Y luego se fue. El vestíbulo del edificio King Enterprises era un templo de mármol y poder corporativo. Sus pasos resonaron mientras caminaba hacia los elevadores, cada paso más ligero que el anterior, como si con cada metro de distancia, levantara una carga que ni siquiera sabía que estaba llevando. En el elevador, mientras descendía hacia la calle, Camila se permitió un momento. Solo uno. Se miró en el espejo de acero inoxidable de las paredes del elevador y vio a una mujer que no reconocía. Era más delgada de lo que recordaba. Más aguda. Sus ojos tenían una calidad que no era tristeza, sino algo más peligroso. Propósito. Cuando salió a la lluvia de la ciudad, sacó su teléfono. El número que marcó era privado, protegido, imposible de rastrear. Alguien respondió al segundo ring. —¿Sí? —respondió una voz masculina, cautelosa. Camila caminó, indiferente a la lluvia que empapaba su cabello perfecto, sus hombros perfectos, su vida perfecta que nunca lo fue. —Es hora —dijo—. Los papeles están firmados. —¿Está segura? —preguntó la voz. Camila sonrió. No era una sonrisa bonita. Era la sonrisa de un general mirando un campo de batalla, viendo no lo que era, sino lo que podría ser si jugaba bien sus cartas. —He estado segura durante tres años —respondió—. Ahora simplemente me permito comenzar. Hizo una pausa. —El juego ha comenzado. Colgó el teléfono. A su alrededor, la ciudad fluía indiferente. Millones de vidas siendo vividas, millones de historias siendo contadas. Pero en ese momento, bajo la lluvia de Nueva York, Camila Reyes King se dio cuenta de algo que cambiaría todo. No era la esposa reemplazada. Era el movimiento que nadie vio venir. Y Damián King no tenía la menor idea del infierno que estaba a punto de enfrentar.

editor-pick
Dreame-Editor's pick

bc

Unscentable

read
2.0M
bc

He's an Alpha: She doesn't Care

read
777.2K
bc

Claimed by the Biker Giant

read
2.0M
bc

Holiday Hockey Tale: The Icebreaker's Impasse

read
998.5K
bc

A Warrior's Second Chance

read
370.3K
bc

Not just, the Beta

read
354.8K
bc

The Broken Wolf

read
1.2M

Scan code to download app

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook