Estaban desayunando juntos en silencio al día siguiente. — Me dijo Pedra que te gusta nadar, quizá podrías quedarte en la piscina hoy...— dijo él mirándola con elocuencia. Temprano había llegado su compra aunque todavía no había acomodado la ropa. — Mmm creo que me gustaría estar en la piscina — respondió ella con sinceridad. Así que luego de desayunar. Fue rápido a la habitación y buscó en los paquetes...se colocó el pequeño bañador y también unas chanclas que Pedra insistió en comprar. La verdad es que era un hermoso día para pasarse toda la jornada sin hacer nada productivo. Lo que no se imaginó, que él estaría para acompañarla hasta afuera. Por suerte se había colocado encima la bata de toalla. Al llegar se sorprendió nuevamente por la belleza del lugar. Era hermoso, una piscina

