Por fin éramos solo el y yo. Caminamos en silencio por el bosque, con mis brazos ceñidos a mi cuerpo y con Israel aferrado a mi cintura, acariciando mi cabello, mi mejilla, con su mano libre totalmente sumido en sus pensamientos. Mas pronto de lo que deseaba, llegamos al pie de una cabaña, al abrir la puerta el cuadro estaba iluminado por una chimenea encendida, Israel prende unos candelabros sobre una mesa de madera, y la estancia se ilumina, hay un catre con una manta en la esquina de una pared, una mesa en el centro, lo único elegante y acogedor es una mecedora frente al fuego y una alfombra de piel de oso, estoy segura que no esta muerto por casería furtiva a veces los animales atacan al pueblo y estos se defienden, y aprovechan la piel y la carne de ellos agradeciendo a dios padre

