LOS FETICHES DE MINERVA. Yo, Minerva Magnusson: El chico se marchó del bosque sin decirme tan siquiera su nombre. Y a pesar de no saber su nombre, queria quedarme a solas con ese hombre, curarle el labio, conocerle; sin embargo..., él a mí no. Pero lo entendí. ¿Quién iba a querer hacer amistad con alguien que justifique a quienes me estaban intentando tomar por la fuerza? ¿Cómo podría ese chico comprender algo que ni yo comprendía?: ¡Que una chica pueda excitarse al sentirse expuesta a situaciones sexuales potencialmente peligrosas! Y no es que no sienta miedo, pero es precisamente ese miedo el que me despierta el deseo, hasta convertirse en franca lujuria. Pero yo no pensaba practicar en la vida real ese fetiche mío tan peligroso. Solo lo fantaseaba desde la seguridad de la imaginaci

