Harry, al observar el comportamiento de Erika con Denisse, sintió que la situación había llegado demasiado lejos. No podía permitir que su prometida actuara de esa manera, especialmente frente a su asistente. Con su porte elegante y movimientos calculados, se puso de pie y se acercó a Erika, tomando su muñeca con firmeza, presionando con fuerza en señal de advertencia. — No tienes derecho a tratar a las personas de ese modo —dijo Harry, su voz amenazante y decidida—. La señorita Bennett es mi asistente y no tienes por qué tratarla así. Erika, furiosa, lo miró con desdén. — ¡Vete al demonio, Harry! Tú nunca me darás la prioridad, siempre prefieres a los demás, ni siquiera entiendo por qué estamos comprometidos. —Gritó, antes de girarse y salir de la oficina. En su camino, empujó bruscamen

