Denisse sintió una satisfacción absoluta al ver la cara de asombro de Erika y su padre. Había trabajado duro para lograr lo que había conseguido, y ver sus reacciones era un premio en sí mismo. Con una sonrisa orgullosa, continuó imprimiendo los informes que habían sido el centro de la discusión, sintiéndose más segura de sí misma que nunca. Sin embargo, la atmósfera cambió drásticamente cuando el padre de Erika, en un ataque de furia, tomó a su hija del brazo y la sacó a la rastra de la oficina. Ella apenas pudo protestar, y las palabras de su padre resonaron en el aire como un trueno. — ¡Voy a retirar mis acciones de la empresa! —gritó, su voz cargada de rabia—. ¡No descansaré hasta dejarte en la calle, Harry Koch! Denisse sintió cómo su satisfacción se desvanecía lentamente al escucha

