Sus piernas se cruzan sobre su espalda y ella levanta las caderas, dándole más acceso a su abertura, un consentimiento tácito para chocar contra ella sin control. Sus manos alcanzan su cuello, justo donde sus dientes han tallado su presencia, y ella las dirige hacia un agarre estrangulador. Él aprieta su agarre alrededor de su cuello, con cuidado de no romper los frágiles huesos de su amor, pero también emocionado de tenerla sin aliento pero a un segundo de la claridad de la muerte y las chispas que encubren los peligros de esta. Está tan cerca que puede sentir cómo se desenrolla la espiral de calor. Está tan cerca como ella está a punto de llorar por la sensación de lentitud de su respiración agitada. Y se entrega después de que ella logra dejar caer un suave murmullo en sus labios, una

