Al ir en hora pico, tuve que subirme a un bus atestado de personas, no cabía un alma más. Me paré cerca de la salida y estuve todo el transcurso pensando como tonta en lo lindo que YoonGi se veía sonriendo. Apenas estuve cerca de mi parada me bajé sin prestar mucha atención a mi alrededor, caminé varios metros hasta que llegué a la entrada trasera del hotel, ahí pude ver a Jennie fumando un cigarrillo mirando hacia un costado.
Al llegar a su lado, me planté con una sonrisa tonta.
— Hola —Alargué, ella me miró de reojo dando otra calada.
— Hola —Dijo respirando hondo. El espeso humo del cigallo barato que tenia entre sus dedos terminó en mi cara — ¿Quieres?
Negué con la cabeza arrugando la nariz, no sentía la necesidad en ese momento de hacer eso. Por lo general lo hacía cuando me sentía muy ansiosa, pero nada de angustias recorrían mi mente.
— No, gracias —Me paré a su lado y me quedé ahí esperando que me diera paso.
— ¿Así que ahora vienes más temprano? —Cuestionó metiendo mirándome de manera sospechosa. Yo sonreí cabizbaja. — ¿Qué llevas entre manos? —Entrecerró sus ojos, hasta ese momento noté que estaban algo llorosos, tal vez a causa del humo.
— Hoy decidí ir a un local —Respondí sin saber qué decir. Oí una risita de su parte.
— Claro, yo nací ayer —Dejó caer el cigarro al suelo y lo pisó con la punta de su bota, ella vestía una falda de cuero y una pequeña blusa que apenas la cubría bien. — Recuerda que soy mayor que tú. —Instó haciéndome una seña con la cabeza — Vamos adentro antes de que alguien te vea.
Ingresamos y de inmediato nos dirigimos al piso 20, nuestra típica habitación 20-16 estaba en el mismo sitio de siempre esperándonos a ambas.
— Es bueno que estés aquí. Te extraño cuando te vas —Hizo un puchero abriendo la puerta, tiré la mochila debajo de la cama y me tiré boca abajo ahogando un grito de alegría en la almohada. La sentí cerrar la puerta y sentarse en su cama, justo frente a la mía — ¿Y eso por qué fue?
— Quiero contarte algo, Jennie. Pero no debes decírselo a nadie —Me decidí por contarle un poco, ella era alguien de confianza, así que no había peligro — Prométemelo.
Ella me miró confundida, pero asintió. Yo me paré y corrí hasta donde ella lanzándome encima de su pequeño cuerpo.
— ¿Qué te pasa? —Lloriqueó mientras mis dedos comenzaron a moverse sobre su abdomen. Ella lo apretó comenzando a reír sin control alguno — ¡No! ¡Ya! —Reía sin parar. Cuando vi que comenzaba a llorar de la risa, paré; nos miramos con complicidad y nos dejamos caer sobre el colchón de ella. Miramos el techo.
— Me gusta alguien.
Ella abandonó su sonrisa y me miró con preocupación, yo le sonreí tratando de tranquilizarla.
— Nat, eso es peligroso —Habló susurrando — Si por alguna razón, se entera Leon —La vi temblar — No está bien, ¿estás saliendo con él ya?
Mi sonrisa poco a poco se iba deformando en una mueca de preocupación, no supe cómo tranquilizarla.
— No, es que no… —Ella me miró esperando una respuesta que la volviera a su estado de antes — No estamos saliendo —Mentí estirando mi labio.
— ¿Estás segura? —Sus ojos no dejaban de escudriñar los míos — Sé que me mientes, haces eso siempre que mientes.
Me miró con desaprobación y se levantó yendo al baño, estuvo ahí breves segundos y se devolvió aun con cara de preocupada.
— Nadie va a saberlo —Ella negó poniendo sus manos en la frente.
— Yo sabía que ese dibujo era algo sospechoso, ¿te lo entregó él? —Apreté mis labios en una fina línea frunciendo mi frente.
— ¿Viste el dibujo? —Me quejé sentándome, crucé mis piernas.
— ¿Cómo no? Si la dejaste visible —Señaló el closet con la puerta entreabierta — Al menos esfuérzate un poco más en ocultar las cosas. Cielos, si no me tuvieras a tu lado…
Dicho esto, se alejó a paso rápido al baño, desde dentro oí un grito suyo diciéndome que me alistara. Significaba quitarme el uniforme y ponerlo en el mismo sitio de siempre para evitar que alguien de la limpieza lo encontrara, era justo en los respiraderos del baño, así que una vez salió, se lo entregué en las manos. Antes de eso, había escondido el teléfono bajo la almohada.
— Oye… Lo siento, por no haberte dicho antes —Confesé tomando sus manos — Por favor, no le digas a nadie. —Hice cara de perrito sabiendo su respuesta.
— Obvio que no —Rodó los ojos — Solo ten cuidado, ¿sí? —Me miró una vez más suspirando — Me preocupas.
— Lo sé, lo siento. Tengo cuidado —Dije rápidamente — Él me espera, vamos poco a poco.
— No es eso, Nat. No es eso —Negó varias veces — Sabes lo psicópata que es Leon, lo sabes. Tengo miedo de que él te lastime.
— No le tengo miedo a eso —Mostré los moretones de mis brazos y piernas, estaba en ropa interior — ¿Ves?
Ella me miró con algo de pena y suspiró largo.
— Ay, Nat… —Sacudió su cabeza — Vamos, debemos estar listas para la presentación de hoy, habrán invitados especiales y nos pidieron extrema puntualidad. Por ahora, centrémonos en eso.
Asentí. Ella me extendió mis prendas de la noche, entré al baño y puse aquellas telas sobre mi piel con cuidado. Me miré al espejo y le pedí a Jennie que me ayudara con el maquillaje para ocultar los moretones de mis muslos y mis brazos, ella se acercó a mí y frente al espejo comenzó con su labor. Nos vi, ella concentrada en cada detalle de mi piel y yo mirando mi rostro, aun con un atisbo de cansancio, empezó por mis brazos y después la zona inferior.
— ¿Fue él? —Preguntó, yo hice un sonido con mi garganta afirmando, ella asintió — Es extraño que traten así a una VIP.
Su comentario dejó un silencio incomodo en el ambiente. En ocasiones ella decía ese tipo de comentarios de forma inconsciente, pero para mí, era difícil responderle algo. En ese aspecto, ella la tenía mucho más difícil que yo, significaba más sacrificio en cuerpo y alma.
Jennie finalizó y se levantó, salimos de la habitación. El hotel era completamente privado, los únicos que podían ingresar eran las chicas que trabajábamos, los miembros administrativos, de mantenimiento y aseo, además de los invitados. Ya tenían toda una red organizada.
— ¿Sabes de qué invitados especiales hablaban? —Ella estuvo pensativa unos momentos mientras presionaba el botón del ascensor.
— No estoy segura, pero Leon mencionó que eran nuestros inversores.
— Oh —Alargué. Ingresamos al ascensor con otras chicas más.
— Sí, dijeron que, si nos esforzábamos y dábamos buena impresión, nos subirían en la clasificación —Dijo una de ellas emocionada. Le sonreí a Jennie, ella permanecía seria.
— Es tu oportunidad —Le dije, ella me miró con severidad, haciéndome una mueca después.
— Ja —Respondió la misma chica de atrás — Va a estar fácil la competencia.
Jennie me miró con una cara de “te lo dije”. Apreté mis dedos entre sí nerviosa y le sonreí a modo de disculpa. En este sitio, si mostrabas amabilidad frente a los demás, serías crucificado de una u otra manera, y eso era algo que te enseñaba desde que llegabas ahí. Las muestras de cariño y aprecio hacia Jennie siempre eran en privado, por fuera, nos mostrábamos un poco más distantes; aunque, confesaba que, para mí era más difícil que para ella.
Al llegar al piso que esperábamos todas, nos desplazamos una detrás de la otra hasta entrar en la sala de espera, ya había muchas chicas maquillándose y terminando los últimos retoques de su vestuario. Jennie se perdió entre las 80 personas que éramos en ese momento y yo me senté esperando mi llamado. Generalmente no necesitaba maquillaje, mis labios eran rosados y mi piel blanca hacían buena sinergia, mi cuerpo no era extremadamente voluptuoso pero las prendas agarraban con firmeza mis senos, los hacía lucir mucho más grandes. Pasaron varios minutos hasta que oí un gran alboroto afuera.
— Vamos a conocer a nuestro cisne blanco —Los aplausos se detuvieron — Verán, esta mujer, es una verdadera bailarina. Puede hipnotizar a cualquiera solo con su cintura, por ello, daremos una apertura con lo mejor de Mullae, y con ustedes… ¡Daki!
Me puse de pie sintiendo las miradas de varias sobre mí, di pasos decididos hasta la entrada de la tarima. Tenía miedo, nunca podría acostumbrarme a este estilo de vida, durante todos los años que llevaba no lograba controlar el temblor en los dedos justo antes de dar mis presentaciones. Por infortunio, ellos no esperarían a que estuviera preparada. En el escenario vi a Leon mirarme fijamente, como una señal de advertencia, suspiré hondo y sin pensarlo dos veces subí al escenario junto a Leon, mostré una sonrisa juguetona y di varias vueltas alrededor de él moviendo mis caderas al compás de la música, la barra fue bajando y Leon se perdió en un instante dejándome sola. Todos me observaban, dentro de mí, quise acabar pronto; solo me concentré en la música y me dejé llevar por el ritmo mientras danzaba en la barra de pool dance.
La música envolvía la habitación mientras me movía con gracia, cada movimiento estaba calculado, cada giro estaba coreografiado en mi mente. Mi cuerpo se deslizaba por la barra con una mezcla de elegancia y sensualidad. Aunque por fuera mostraba confianza, por dentro, mi corazón latía con fuerza, un recordatorio constante de que este era un juego peligroso.
La música alcanzó su punto álgido, y realicé una serie de movimientos más intensos. La atmósfera se cargaba de energía, y los aplausos y silbidos del público resonaban en la habitación. La presentación estaba llegando a su fin, y en mi interior, sentí un alivio momentáneo.
Bajé de la barra, deslizándome con gracia, y regresé al centro del escenario para hacer una reverencia. Los aplausos se intensificaron, pero en medio de la ovación, noté la mirada de Leon clavada en mí. Era un recordatorio constante de que, aunque momentáneamente me sentía libre en el escenario, mi vida estaba controlada por hilos invisibles.
Cuando la ovación cesó, salí del escenario y me dirigí hacia los vestidores. Jennie estaba allí, esperándome con una sonrisa burlona.
— No está mal para una principiante —Dijo, bromeando. Aunque sabía que sus palabras eran en tono de juego, me preocupé por ella.
— Te irá bien —Respondí, tratando de tranquilizarla. Vi como movía su pie, inquieta se veía. Hizo boca de pato y negó.
— Estoy más que preparada, mira y aprende. —Ella salió al escenario e hizo una presentación en una silla, un juego bastante sensual que hizo aullar de deseo a todos los presentes.
Mientras observaba la presentación de Jennie, no pude evitar maravillarme por su destreza y confianza en el escenario. Cada movimiento estaba calculado y ejecutado con una precisión que solo la experiencia podía brindar. Aunque sabía que estábamos inmersas en un mundo así, no podía evitar sentir admiración por la habilidad de Jennie para controlar la situación, aún no comprendía como era que no estaba en VIP junto a mí.
Cuando terminó su actuación, regresó al vestuario con una expresión triunfante.
— ¿Viste eso? —Preguntó, mientras se quitaba los accesorios brillantes que adornaban su vestuario.
— Impresionante, como siempre —Admití, sonriendo. Aunque traté de ocultarlo, una sombra de preocupación persistía en mi mente.
Jennie se acercó y me tomó del brazo, mirándome con seriedad.
— Nat, en este mundo, la clave es mantener el control. No te dejes llevar por las apariencias. Puedes ser fuerte y exitosa si aprendes a jugar sus juegos, pero nunca olvides quién eres realmente.
Asentí, agradecida por sus consejos. Sabía que Jennie era mi aliada en este laberinto de sombras, y sus palabras resonaron en mi interior mientras nos preparábamos para enfrentar la próxima fase de la noche.
La siguiente presentación estaba a punto de comenzar, y la sala de espectáculos vibraba con la anticipación del público. Mientras me dirigía al escenario, me recordé a mí misma que, en este juego de luces y sombras, debía encontrar mi propia luz, incluso en los momentos más oscuros. Nos preparamos rápidamente para la siguiente presentación. Jennie y yo compartimos un momento de silencio en el que nuestras miradas hablaban más que las palabras.
Cambiamos de vestuario con uno que nos provieron y nos dirigimos a paso seguro a la tarima, estuvimos ahí en un juego de roles. Estaba muy concentrada en mis pasos que era inevitable que no fueramos las estrellas, Jennie era buena en lo suyo, y yo en lo mío. Finalizamos la dramatización bailada y nos inclinamos con una gran sonrisa recibiendo los aplausos, todo estaba bien. Hasta que mi mirada se cruzó con él, el amigo de YoonGi.