Capítulo 13

1911 Words
La voz chillona de HieYun era bastante insoportable, y muy a mi pesar, ellos siguieron caminando hacia mí. Mordí mi labio inferior, inquieta y muy preocupada; me levanté enganchándome la mochila en mi espalda. A lo lejos pude escuchar un poco de lo que hablaban, la cara de YoonGi era de completa indiferencia. — Vamos, debes ir. —Se agarró de su brazo apoyándosele al costado — La mayoría de los universitarios estarán en esa fiesta, habrán mucho espacio. — No me interesa —Respondió secamente, no la apartó y siguieron caminando, ahora estábamos a menos de 2 metros. Su cara comenzó a verse mucho mas malhumorada a medida que se acortaban los pasos. — Por favor —Chilló casi en el oído de YoonGi, este apretó la mandíbula y se paró frente a mi, ella aún colgaba de su brazo. HieYun me miró con una cara de malicia y relamió sus brazos — Incluso puedes ir con ella. Él levantó una de sus cejas y la miró desde arriba. — ¿Qué dices? ¿Tu fiesta es tan exclusiva? —Su voz profunda caló hasta lo ma´s profundo de mis huesos, sentí una electricidad recorrer mi cabeza y sonreí como tonta. — Lo es, solo pueden asistir los invitados —YoonGi aún la miraba con una ceja alzada, esprando que siguiera hablando, ella se puso nerviosa y soltó su brazo — Te da estatus, debes ir… —Me miró con una sonrisa melosa — Además, Nathalie es amiga mía, ya la había invitado antes. — ¿Eso es cierto? —YoonGi pasó a verme haciendo una fina línea con sus labios, se veía insatisfecho. Ambos me miraron al tiempo y HieYin bajó el mentón amenazándome sin decir una palabra. — S-Sí —Reí sintiendo una revoltura en mi estomago — No te dije antes porque apenas lo supe hoy… Puedes ir si quieres. — ¡Excelente! —Festejó dando un pequeño salto — Los espero en esta dirección —Sacó una pequeña tarjeta y descaradamente la introdujo en el bolsillo de su chaqueta; le guiñó un ojo y se alejó meneando exageradamente las caderas. YoonGi ni siquiera se inmutó. — ¿Así que ya estás lista? —Su expresión tuvo un ligero cambio cuando nuestros ojos se encontraron, frunció el ceño y la nariz tomándome de la barbilla e inspeccionándome — ¿Qué te ocurre? — Nada —Dije viendo su rostro mas de cerca, parecí porcelana y me pregunté cómo hacía para mantener su cutis tan perfecta — ¿Por qué? Negó lentamente. — Luces diferente —Respondió dejando de agarrar mi barbilla, extrañé su tacto enseguida, sus dedos se sentían cálidos — ¿Aquella chica realmente es tu amiga? Me invitó a caminar a su lado y lo seguí. Las clases complementarias las saltaría por esta ocasión, merecían toda la pena. — Sí lo es —Chupé mis mejillas internas mirando a mi alrededor, cruzábamos la cancha vacía bajo un día nublado y, como de costumbre, muy frío. Abracé mi cuerpo cuando una corriente se me metió debajo de la falda. — Demonos prisa, el auto está parqueado cerca. —YoonGi aceleró el paso e identifiqué su lujoso automóvil entre los demás por su aspecto tan cuidado, ¿acaso todo lo que él tenía era así? Tan limpio, tan pulcro, tan perfecto. En retrospectiva así se veía siempre él, con su particular forma de caminar, de hablar, de mirar, incluso juraría que tendría una letra igual de impecable si alguna vez lo intentara. Entramos al auto y el aroma a cuero nuevo me envolvió de inmediato, no lo había percibido la primera vez que me subí. La suavidad de los asientos contrastaba con la firmeza del exterior. Mientras YoonGi arrancaba el motor, me sentía como una intrusa en ese mundo de elegancia y sofisticación que él habitaba. — Bien, ¿quieres ir a esa fiesta? —Preguntó, con su mirada escudriñando la mía en busca de respuestas. — Si te soy sincera, no me gustan mucho esas fiestas. Además… Debo estudiar en la noche —Admití, tratando de sonar indiferente, aunque mi corazón latía con fuerza. YoonGi asintió con comprensión, y aunque no dijo nada, podía percibir cierta satisfacción en su expresión. Nos alejamos de la universidad y nos dirigimos hacia un lugar más tranquilo, lejos del bullicio de la fiesta y las miradas curiosas. El trayecto en el auto transcurrió en un cómodo silencio. Me perdí en mis pensamientos, contemplando la complejidad de la situación. Aunque intentaba mantener una barrera entre mi vida con YoonGi y mi realidad en Mullae, sabía que esa línea se estaba volviendo cada vez más delgada. La dualidad de mi existencia se volvía cada vez más palpable. ¿Cómo podía reconciliar la calidez reconfortante de YoonGi con el oscuro submundo en el que me sumergía cada noche? La línea que separaba ambos mundos se desvanecía, y yo me encontraba en medio de esa encrucijada, temiendo lo que pudiera suceder si las dos realidades colisionaban. Finalmente, llegamos a un pequeño café en una calle tranquila. YoonGi estacionó el auto, y ambos descendimos. El cálido aroma del café impregnó el aire mientras entramos al lugar. Nos sentamos en un rincón acogedor, apartados del resto de los clientes. — Nathalie, sé que hay algo más. No tienes que contarme si no quieres, pero quiero que sepas que estoy aquí para ti. —Dijo YoonGi con voz suave, mirándome fijamente. No noté ninguna malintención en su tono de voz, sonaba sincero y muy tranquilo Me estremecí ante sus palabras. La tentación de compartir mis secretos con él se volvía más fuerte con cada encuentro. Sin embargo, la realidad de mi vida en Mullae era un peso que no quería que él llevara. — YoonGi, aprecio tu preocupación. Todo está perfectamente. —Respondí con sinceridad, desviando la mirada por un momento. Él asintió con esa serenidad que siempre le caracterizaba. —Ordenemos café, ¿te parece? —Propuso, respetando mi espacio. —Sí, suena bien —Respondí, agradeciendo su comprensión. Mientras esperábamos el café, la atmósfera se volvió más relajada, y decidimos profundizar en nuestras conversaciones. —Así que, ¿cuál es tu mayor pasión? —Pregunté, buscando conocer más sobre él. —La música, sin duda. Es mi escape y mi forma de expresión —Compartió, revelando un destello de pasión en sus ojos. —Interesante. Yo siempre he tenido curiosidad por la música, pero nunca he sido muy talentosa en ese aspecto, solo en el baile, como ya te había comentado. Aquella vez no me mencionaste como tal la música —confesé con una sonrisa. —Nadie nace siendo experto. Se trata de dedicación y amor por lo que haces —Respondió con sabiduría, y su mirada se suavizó. A medida que la conversación fluía, exploramos nuestros sueños, nuestras experiencias y nuestras perspectivas sobre la vida. Descubríamos pedazos de nuestras vidas de una manera que me sorprendió por lo fácil que resultaba. Cada palabra compartida era un paso más allá de las barreras que solíamos mantener. —¿Alguna vez has tenido un sueño que te haya marcado de alguna manera? —Preguntó Yoongi, mirándome fijamente. —Sí, una vez soñé con estar en un lugar lejano y sentirme completamente libre. Esa sensación de libertad todavía me persigue —Comenté, dejando al descubierto un fragmento de mi mundo interior. Él asintió con comprensión, y su expresión reveló una conexión más allá de las palabras. En esos momentos, nuestros corazones parecían encontrar un lenguaje propio. —A veces, los sueños nos dicen más de lo que pensamos. Pueden revelar deseos profundos que ni siquiera conocemos conscientemente —Añadió, sumergiéndonos en una conversación que trascendía lo superficial. Así, en medio de risas y confidencias, construíamos un puente entre nuestras vidas. Aquella chispa de complicidad se encendía, desafiando las expectativas y revelando un lado más cálido y humano de Yoongi que solo emergía en nuestra cercanía. Notaba que la mirada de YoonGi seguía siendo seria, como si estuviera constantemente evaluando cada detalle a su alrededor. Sin embargo, algo en sus ojos indicaba que estaba más relajado en mi presencia. — ¿Sabías que estudié arte un tiempo? —Dije, buscando una respuesta inconscientemente en medio de la conversación. YoonGi arqueó una ceja, mostrando cierto interés en su mirada profunda. — No lo sabía. — Sí, pero no es realmente lo mío. Solo lo estudié por un tiempo. Supongo que cada quien tiene sus propias pasiones, ¿no? —Intenté sonar casual, sin querer profundizar demasiado en ese aspecto — Y tú, ¿alguna vez te has dedicado al arte de lleno? —Pregunté de manera casual, recordando la vez que mencionó que le gustaba. YoonGi frunció levemente el ceño antes de responder. — No soy muy talentoso en eso. No tengo mano para el arte. —Su expresión se volvió más seria, y noté un atisbo de tristeza en sus ojos. Mi mente volvió al retrato que había recibido, y decidí mencionarlo de manera indirecta. — A veces, las personas sorprenden con sus talentos ocultos. ¿Nunca has intentado algo, aunque sea por diversión? YoonGi pareció meditar mis palabras por un momento antes de responder. — Bueno, tal vez haya algo que hice hace mucho tiempo, pero no es gran cosa. Me intrigó su respuesta, pero decidí no presionar. A medida que la tarde avanzaba, sentí que YoonGi se abría mucho más. Su mirada, aunque seria, mostraba cierta calidez que lograba apaciguar los dolores de mi alma. Terminamos la tarde disfrutando de una conexión que, de alguna manera, iba más allá de las palabras. Aunque YoonGi seguía siendo un enigma, empezaba a vislumbrar las capas de su personalidad que guardaba con tanto celo. El tiempo avanzó y nuestra primera cita fue todo un éxito. Tomé café dulzón y descubrí que amaba el café amargo, tuve un debate con él sobre cómo era mejor tomarlo, pero no dio el brazo a torcer, reí como nunca y amé cada segundo que la pasamos juntos, pero, lastimosamente ya era momento de despedirnos. Estuvimos nuevamente cerca de la estación de buses y nos quedamos un tiempo más, quise sacar cualquier excusa para que no llegara el momento de irme, me explicó cómo ingresar a la mensajería y puso la aplicación en toda la pantalla de inicio. Cerró sus cuentas y me invitó a crear las mías, le dije que más adelante cuando me familiarizara. Sinceramente no podía hacer r************* , me daba mucho temor que alguna persona me reconociera. — Nat, recuerda que debes oprimir aquí —Repitió. Yo asentí comprendiendo, lo miré a su rostro concentrado en no dejar pasar ningún detalle — Ya no deberías tener problemas, si mañana sigues teniendo problemas borraré varias cosas, por ahora debería ser tan complicado. Me entregó el teléfono, por un instante nuestros dedos se rozaron y sonreí. — Gracias, ahora seguro que no se me olvida. — Gracias, ahora seguro que no se me olvida. Estuvimos en un silencio cómodo, disfrutando de la compañía del otro. YoonGi rompió el silencio. — ¿Segura que no quieres que te lleve? — No te preocupes, no me pasará nada —respondí con seguridad. Aunque la noche estaba por caer, sentí una extraña sensación de protección estando con él, como si su presencia fuera suficiente para disipar cualquier temor que pudiera tener. YoonGi asintió, respetando mi decisión. La noche se extendía, y nuestras vidas, de alguna manera, se entrelazaban más de lo que imaginábamos.
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