Capítulo 12

1812 Words
Todo mi día estuve medio desapercibida, con la mente vacía; no lograba enfocarme en nada. Mi mente se sentía apagada, no me permitía durar más de 1 minutos atenta a nada de lo que me dijeran los profesores, de seguro mi cara se parecía a la de un auténtico zombi. Miraba con desinterés todos los garabatos que el profesor hacía en la pizarra, bostecé apoyando mi barbilla en mi mano, mi codo estaba firme sobre la mesa mía, estuvo por dormirme en repetidas veces, por lo que, miré por la ventana buscando distraerme en algo que llamara la atención de mi cerebro. Por alguna razón, había pasado así toda la mañana, tal vez era un efecto secundario de no haber pegado el ojo y el ligero dolor de mi pelvis, que aún era presente. Continuando mi única labor del momento, seguí con la vista a un par de pájaros azules que se paraban con elegancia sobre una de las ramas, limpiaban sus plumas con sus picos, iban sin prisa. Me preguntaba lo grandioso que sería haber nacido como un pájaro, sin duda viviría menos tiempo, pero es algo que sin duda disfrutaría más de lo que, hasta ese punto de mi vida, había experimentado. Un toqueteo en mi hombro me sacó de mi mundo. — Es tu turno —Lo miré confusa, entrecerrando los ojos. Oí risas alrededor, las ignoré mirando la pizarra tratando de entender por qué se suponía que era mi turno — Nathalie —Advirtió tenazmente — Has estado toda la clase distraída, y no es la única. Si no te interesa, ve a la dirección. — No, no es necesario —Sentí mis ojos pesados, pude jurar que hasta mi voz sonó apagada. — Sí, si lo es —Se dio la espalda continuando con la clase. Sin poder reprochar, me levanté agarrando la desgastada mochila. Igual era la última clase que tendría, algo me tenía un poco decaída y era el hecho de que YoonGi no me había escrito nada, tampoco detrás de las gradas lo había encontrado. Me imaginé lo peor, pero lo más razonable; se había dado cuenta que no valía la pena intentarlo conmigo. No supe en qué momento salí del salón, pero mi mirada estaba completamente perdida en un punto ciego, León se había esforzado en satisfacerse toda la noche y había dejado un poco amoratados mis brazos y piernas. Yo por mi parte, solo podía esconderlo con mi saco, tuve que subir las medias hasta mis muslos para que no se viera nada, de seguro me veía muy mal. Pensar en lo de anoche me provocaban ganas de vomitar, Leon era el hombre más despreciable de todo el planeta, su mera presencia bastaba para que yo temblara del miedo; tenerlo tan cerca de mi piel era algo indescriptiblemente asqueroso y odiaba cada vez que ocurría. — Buenas tardes, señorita —Saludé haciendo una leve inclinación. Nuevamente el rector había cambiado de secretaria — Vengo a ver al director. Ella me miró de pies a cabeza haciendo una expresión con la boca, recelosa — Debes tener una cita —Volcó la mirada hacia su pantalla — Ahora está ocupado. — Un profesor me envió a verlo —Ella suspiró retorciendo los ojos, yo solo miraba el respaldar de su computadora. — Entra ya. Caminé a paso lento y desganado, lo que menos quería en ese momento era ir donde el rector, y estaba segura de que él tampoco querría verme. Crucé la puerta y cerré tras de mí, él me miró por encima de los anteojos transparentes, y resopló. — Te dije que no llamaras la atención —Dijo sin dejar de ver unos papeles en sus manos. — Lo sé, disculpe. Se que hace todo lo que puede para permitirme estar aquí —Me quedé cabizbaja y parada frente a la puerta. — ¿Por qué te enviaron? —Preguntó encendiendo un tabaco y dejando los papeles de lado. Me invitó a sentarme con un gesto de manos, invitación que acepté enseguida — Te veo más distraída que de costumbre. Sabes que sí o sí ganarás mientras yo esté aquí, todo esto lo hago en petición de ya tú sabes quién… Que en paz descanse. Pero debes poner de tu parte, Daki. No puedo permitirme desprestigiar mi institución con tu presencia, si por alguna razón se enteran que estoy modificando tus notas, estaré en problemas. —Aspiró del tabaco tras una larga pausa, se levantó inclinándose hacia mi cara — No me des problemas, Daki. Te ayudo en la medida que no me causes inconvenientes, no es fácil pasar notas aceptables si no trabajas lo suficiente, se darán cuenta. Si no puedes graduarte, va a ser solo tu culpa. —Advirtió expulsando todo el humo a medida que hablaba. Tosí girando mi cara y asentí. — Lo siento mucho, señor. —Él se irguió acomodándose su corbata y acomodándose los pocos cabellos que le quedaban en su cabeza. Al menos su discurso me había ayudado a espabilarme un poco. — Ahora vete, estoy esperando a alguien importante. —Me dispuse a pararme para irme, pero su voz me habló por última vez — Ah, y no llames la atención con tu cuerpo, llevas muy altas las medias. Bájalas. —Tragué saliva y respondí de vuelta sin mirarlo. — Si no quieres que llame la atención, debo llevarlas así —No escuché ninguna respuesta de su parte así que procedí a salir. Bajé la mirada viendo mis rodillas ser cubiertas por la tela blanca de las medias, ciertamente estaban más arriba de lo normal, pero eso no tenía porque llamarse una muestra de atención. Lo siguiente que vi, fueron unos zapatos bien lustrados y cuando miré hacia adelante, un gran pecho se chocó contra mi cuerpo. Reboté hacia atrás y caí en el suelo, mi falta se levantó un poco y me senté en el suelo enseguida dejando mis pies a los lados de mis caderas. — Lo siento — Respondí agarrando mi mochila que había caído al costado, cuando iba a pararme una mano pálida y grande se puse frente a mi cara. Lo vi con un rostro algo preocupado. — Discúlpame también, iba algo desorientado —Recibí su ayuda y cuando estuve parada, me inspeccionó por encima — ¿No te lastimaste? — No, estoy bien —Le aseguré negando con la cabeza. Mis dolores se fueron en cuanto lo vi, incluso mi pesadez se dispersó enseguida. — Estuve esperando un mensaje tuyo toda la mañana —Dije sin pensar. Me tapé la boca dándome cuenta de lo desesperada que había sonado. — Quiero decir, que estuve tratando de escribirte un mensaje… —Eso sonaba peor —Pero… Unas notificaciones no dejaban de salir… Y… No supe quitarlas. —Miré para abajo sin saber qué había sonado peor. Debía verme ridícula. Una carcajada sonora hizo YoonGi agarrando su estómago. Nuevamente iba con un traje, pero de un color más claro, hice un pequeño puchero. — Disculpa, me hizo mucha gracia —Hizo el ademán de limpiarse los ojos como si estuviera llorando — Lo solucionamos luego, olvidé cerrar mis redes. Te mensajeo pronto, tengo una pequeña reunión. —Me sonrió de medio lado tratando de tranquilizarme y se acercó a mi oído — Aquella chica no para de verte, está celosa. Quise girar, pero su agarre no me lo permitió. — ¿Qué haces? Van a pensar mal. — ¿No estamos saliendo? —Aquella pregunta me hizo reaccionar enseguida. Asentí, lo miré desde mi punto y él se paró derecho — Entonces no hay nada que se vaya a malinterpretar. —Luego de que sobara mi cabello con la palma de su mano, me sonrió — No vemos, Nat. Sin duda ese hombre hacía que mi mundo entero se moviera. Era algo que no podía negarle a nadie, menos a mi misma. Lo mucho que disfrutaba de su compañía tampoco era algo que pudiese disimular, miré de reojo como ingresaba a la oficina del rector; confiaba en que no le mencionaría nada de mí y la relación de tutoría que tenía conmigo. Caminé por los pasillos mucho mas animada, verlo me había devuelto 10 puntos de vida, solo debía esperarlo. Me generaba mucha intriga las razones por la cuales tendría que ver al rector, pero recordé que estaba en proceso de traslado de universidad así que dejé que las dudas se fueran de mi mente. Debía confiar en él. Me desplacé rápidamente y emocionada hasta detrás de las gradas donde siempre me encontraba con YoonGi. Me senté en el suelo y di un pequeño grito, ¿por qué me volvía así por él?, no estaba segura, pero no iba a permitirme dejar de disfrutar alegría. No conseguía nada reprimiéndome cuando mostraban un interés como el que me ofrecía YoonGi. Saqué el teléfono, el cual llevaba a todos lados con algo de temor a ser descubierta por alguien, era el único momento cuando por varios segundos miraba a todos lados, el teléfono vibraba de vez en cuando con notificaciones de otras aplicaciones y era cierto, no pude enviarle un mensaje a YoonGi porque había olvidado donde ingresar, y con tantos mensajes de otras personas era imposible que yo encontrara lo que buscaba. Tampoco quería estarle revisando sus cosas personales, él había sido muy transparente y sincero conmigo, yo no podía defraudarlo. Abracé mis piernas dejando el teléfono a un costado, YoonGi era un hombre tan excepcional. La tranquilidad de su mirada me transmitía mucha paz y confianza, algo más que me llamaba la atención de él, su forma de caminar era refinada. Cada paso que daba estaba marcado por una gracia natural, una mezcla de seguridad y sutileza que parecía acompañarlo a donde quiera que fuera. Observar su andar refinado era como presenciar una danza cuidadosamente coreografiada, donde cada movimiento estaba meticulosamente calculado. Aquellos ojos intensos, como dos faros que podían atravesar cualquier barrera, guardaban un dolor que evitaba mostrar; o así era como lograba percibirlo. La forma en que llevaba su cabello oscuro, impecablemente peinado, contribuía a esa imagen de sofisticación que lo envolvía. Cada mechón caía en su lugar como si obedeciera a un orden invisible, agregando un toque de rebeldía controlada. La tranquilidad que transmitía su mirada contrastaba con la tormenta de emociones que parecían agitarse bajo la superficie. YoonGi era un enigma, un rompecabezas de piezas cuidadosamente colocadas que invitaban a descubrir lo que se escondía tras su fachada de misterio. Extendí mi mano imaginándome que tocaba su esculpido rostro. Unos pasos me hicieron volver a la realidad, descubrí venir a YoonGi caminar hacia mí. Mis ojos se descolocaron de su lugar viendo la persona que iba a su lado, no dejé de ver su animada cara mientras intentaba de andar al paso de YoonGi, parecía apresurado. A su lado, iba HieYun, y se dirigían hacia mí.
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