Beatrice bajó de su habitación en ese momento, vestida de un n***o silencioso. En su mano llevaba no sólo el telegrama, sino una carta que había sacado del tocador de la habitación dónde se hallaba su padre ya muerto. Para entonces, el pequeño grupo de personas en el salón se había visto aumentado por la presencia del coronel Berrington; Stephen Richford se había escapado de alguna parte. Mark no había dejado de notar la inquietud y agitación de sus actitudes. Algo sospechoso había detrás de este hombre. —Creo que me he deshecho de todos los que aquí se encontraban—, dijo Berrington. —Ha sido un asunto de lo más penoso, y me temo que lo peor está por venir. El Dr. Andrews acaba de llamar. Ha visto y ha hablado con el médico personal de Sir Charles, y han decidido que debe hacerse una inv

