Richford se quedó allí temblando y temblando de exaltación, pero no libre del vago terror que Beatrice había notado todo el tiempo. Beatrice no pudo reprimir un estremecimiento al mirar ese rostro malvado y ceñudo. Estar siempre con ese hombre, compartir su casa y su compañía, le parecía algo imposible. Había perdido a su padre; el futuro era oscuro y desesperado ante ella, pero ahora sentía una fuerza y un coraje que había sido una extraña durante mucho tiempo. También había esperanza, lo cual es bueno cuando se combina con la juventud y la vitalidad. Podría ser que todo eso era alguna buena señal. No necesitaba vivir con ese hombre; tenía todas las excusas para no hacerlo, ella tenía la razón. A Beatrice le importaba muy poco, por el momento, si estaba casada o no, con ese malvado hom

