Con la carta para Beatrice a salvo en su bolsillo, Mary se dirigió al Royal Palace Hotel. Tenía su propia idea de lo que iba a hacer, ya todo lo había pensado con anterioridad y ciertamente no era para invitar a Beatrice a ir a Wandsworth. Porque la dama tenía una tarea difícil y peligrosa por delante si aceptaba ir para allá. Con razón o sin ella, le parecía que su lugar estaba al lado del hermano que la había tratado tan mal, no podía defraudarlo, aunque ella sentía lo contrario. Muchas buenas mujeres antes se habían sacrificado por un sinvergüenza, y muchas buenas mujeres volverían a hacerlo. Mary siempre se había aferrado a la idea de que Sartoris volviera al redil. Sabía muy bien lo lejos que había caído, pero no comprendía del todo la profunda depravación de la naturaleza de este ho

