Capítulo 17

2453 Words
Me miré las manos, en silencio, porque ya no se me ocurre ninguna otra forma de retrasar lo inevitable. Pensé en marcarle a Tom pero sé que si lo hago me quedaré toda la noche hablando con él para no tener que salir de la habitación. Suspiré, echando la cabeza hacia atrás. No debería quejarme, de todas formas, porque escogí enfrentarme a esto. La cosa es que no esperaba sentirme tan… ansiosa. Hace días, cuando me convencí de que este es el disfraz correcto, no tenía dudas con respecto a nada de lo que pensaba hacer. Pero el gran día ha llegado, y ni siquiera he sido capaz de andar por los pasillos sin cuidarme de que Damon me viera para evitar encontrármelo de pronto. Soy tan patética que todavía no decido cómo debería felicitarlo. Desearía poder saltarme esa parte. Volví a situarme frente al espejo, inspeccionando mi atuendo una vez más. Honestamente, nunca me he visto mejor. Probablemente existen múltiples filtros a la hora de escoger lo que me pondría, pero únicamente me basé en que ocasionalmente prefiero al color n***o por encima del blanco. Así que soy, en esencia, un demonio. Si bien tanto el vestido como el maquillaje que llevo distan bastante de ser macabros o provocar algún sentimiento similar al terror. Salí en cuanto no pude posponerlo otro segundo. Gracias al frenetismo de los organizadores y a la gran cantidad de veces que se ha hablado el tema durante los últimos días, sé exactamente de qué forma fue decorado el enorme jardín y cada rincón de la casa, por lo que no me sorprendí apenas me recibieron las gigantescas estructuras pintadas de rojo y las personas trajeadas repartiendo aperitivos incluso desde el piso de las habitaciones. Si tuviera que describir el aspecto final de la fiesta en pocas palabras diría que es algo así como una pesadilla bastante sofisticada. Si bien hay múltiples elementos que pretenden emular al cielo, creo que la mayoría de los invitados optó por un look oscuro. La celebración inició hace horas, y por el concurrido itinerario de actividades que llegó a mi correo hace días, probablemente ahora mismo todos son más alcohol que personas. Tengo entendido que el entretenimiento sólo acaba cuando salgan los primeros rayos del sol, pero da la impresión de que cada quien ya está a lo suyo. El primer rostro conocido que entró en mi campo visual fue el de Elizabeth, más radiante que de costumbre. Para mi sorpresa eligió vestirse de rojo, combinando con la tonalidad de su cabello. Tanto el corset como la falda drapeada están cubiertos de pedrería carmesí, que destilan destellos cegadores cada vez que ella da un paso. Naturalmente, mi primer instinto fue mantenerla alejada. Pretendo llegar al final de la noche con la menor cantidad de incidentes posibles, permaneciendo en las sombras. De modo que vagué habitación tras habitación sin interactuar demasiado con alguien, apenas prestándole atención a la música mientras bebía sólo de las copas cuyo contenido no parecía radiactivo. Debo reconocer que cada detalle fue escogido desde el buen gusto. Supongo que por esto el servicio fue exageradamente costoso; nunca imaginé que un escenario pudiera verse tan irreal. Hay más invitados de los que preví, pero a pesar del bullicio cada canción resuena por encima de las personas; una más al estilo Damon que la anterior. Creo que, en general, no había nadie que no estuviera genuinamente disfrutando. Yo, por mi parte, apenas empecé a relajarme luego del quinto trago. Busqué en donde sentarme al tocar la nieve del jardín, un poco sobrecogida. Afuera apenas es posible ver lo que hay cuatro metros por delante gracias al clima, los juegos de iluminación y la estratégica distribución de la decoración. Pronto entendí que estar en paz no sería un problema. Entre tantas cosas resultaba improbable encontrarme a Damon. Entonces decidí ponerme de pie y hacer lo que se supone que corresponde en una fiesta; divertirse. En algún punto me uní a un grupo de desconocidos que bailaban como si solo se hubieran despertado esta mañana para cumplir con ese objetivo. Todos tomábamos una copa nueva sin siquiera terminar la anterior, declinando cada vez que alguien nos ofrecía comida. Creo que, finalmente, estaba gozando la experiencia de turista en medio de un lugar apenas conocido, bebiendo y riendo sin pensar demasiado. Sólo noté que estábamos cerca de una pequeña tarima improvisada en cuanto alguien se subió, tomo un micrófono y empezó a hablar. Por inercia todos nos giramos hacia el origen del sonido, con la respiración agitada. Para mi sorpresa, Damon se encontraba de pie junto al que quizá fuera el animador, luciendo como una visión oscura y etérea al estar varios metros por encima de nosotros. Sin embargo, estoy demasiado ebria como para que su presencia me parezca una auténtica tragedia. Tras un breve discurso y cientos de preguntas que incitaban a los presentes a gritar, el hombre dijo que Damon andaba recorriendo cada sector de la fiesta para asegurarse de que todos estaban pasándola bien, y que se quedaría allí un rato por si alguien quería acercarse. Desde luego, pequeños grupos de chicas se aproximaron casi con ansiedad, rodeándolo apenas les permitieron subir la plataforma. El castaño no parecía especialmente feliz, pero escuchaba lo que le comentaban con atención. Yo me di cuenta de que quizá llevaba más tiempo del aceptable viéndolo cuando hubo un cambio de canción y seguía, de alguna manera, hipnotizada por la rigidez y el control en su postura. Pero sólo desvié la mirada en cuanto nuestros ojos se encontraron. Luego me dediqué fervientemente a bailar como si de hecho ignorara que está cerca, dándole la espalda. Pese a eso, sabía que ahora es él quien espía cada uno de mis movimientos. Percibía el recorrido de su mirada sobre mi cuerpo, casi como si en realidad estuviera tocándome. Y no pude evitar estremecerme. ¿Acaso estoy volviéndome loca? Porque es imposible que la atención de alguien tenga una interpretación tan física. Y mucho menos si estamos hablando de Damon. Después de varios minutos concluí que es estúpido sentirme intimidada por un hombre que ni siquiera es algo mío, de modo que decidí devolverle la mirada, consciente de que con él la solución nunca será acobardarse. Probando que tenía razón y no era un invento extraño y sin sentido de mi imaginación, ya me veía. Sus ojos me escaneaban desde la distancia, sin molestarse en fingir que apenas escuchaba a quienes le hablaban. Como todo lo que compone su casi impecable mundo, estoy segura de que tiene una visión perfecta, de modo enarqué una ceja, preguntándole en silencio qué clase de problema debe tener para no querer enfocarse en otra cosa. En respuesta se mantuvo igual de impasible, probablemente pensativo. Entonces dejé de bailar, manteniendo el contacto visual con la misma seriedad. Nos observamos por lo que pareció una eternidad, el corazón latiéndome con fuerza. De pronto quise saber qué pensaba, si acaso había algo pasando por su cabeza en ese preciso instante, pero antes de que pudiera formar una idea que se me antojara coherente me di cuenta de que una nueva persona se había integrado al pequeño grupo de chicas sobre la tarima; Elizabeth. A diferencia de las demás, seguramente ha bebido tanto como yo, de modo que apenas entró al radar de Damon se lanzó hacia él como si fuera su salvavidas, enredando los brazos tras su cuello. Las otras chicas intercambiaron vistazos antes de hacerse a un lado para hablar entre ellas. Y Elizabeth, al parecer, no planeaba detenerse allí. Se tambaleaba y se reía mientras dejaba pequeños besos en el cuello de Damon, quien daba la impresión de estar tratando de tranquilizarla. Pero luego, al verme de nuevo, cambió su expresión por una completamente indescifrable. Podría jurar que ni siquiera él se sentía seguro de lo que haría a continuación. Igual, tampoco tuvo que pensarlo mucho. Elizabeth fue la primera en besarlo. Una, dos, posiblemente unas tres veces antes de que Damon se decidiera a corresponderla, aun viéndome durante los primeros cinco segundos. Nadie podría haber abierto la mandíbula más de lo que yo lo hice, atónita, porque esa escena era en verdad la última que esperaba ver en mi vida. Creí que la odiaba. Y yo sé, estoy convencida, de que el castaño está mucho más sobrio que cualquiera en un radio de diez kilómetros. Justo entonces todo el alcohol que llevo encima dio vuelcos dentro de mi estómago y amenazó con terminar en un charco a mis pies. Supe que debía correr al baño más cercano. El problema llegó cuando cada habitación que podría usar resultó ocupada. Subí las escaleras con la palma de mi mano contra mis labios, tropezándome y dando empujones sin detenerme a procesar que capaz estaba golpeando celebridades. Apenas tuve tiempo de cerrar la puerta de mi propio baño antes vomitar lo que estuve consumiendo las últimas horas y un poco más. Permanecí tendida en el suelo varios minutos, los ojos fijos en el techo y la mente atrapada en una maraña increíblemente confusa de pensamientos. Luego me puse de pie frente al espejo, segurísima de que si no fuera por los productos de alta cobertura que ando usando, mi rostro ya sería un completo desastre. Aun así, se sigue notando que estoy poco descolocada. ¿Qué acababa de pasar? La idea de volver a salir a esa fiesta se me hizo horrible. ¿Quiénes son estas personas? ¿Por qué Damon hace… todo lo que ha estado haciendo? Le escribí a Thomas siendo consumida por la mayor urgencia que he experimentado en los últimos tiempos, consciente de que va a estar tan sorprendido como yo, pero no contestó de inmediato. Esperé otra media hora, con el teléfono sobre el estómago, acostada sobre mi cama, aceptando eventualmente que pasaría mucho más antes de obtener una respuesta. Y luego, de tanto pensar en lo mismo, me di cuenta de que tras todos los sentimientos iniciales había algo dando vueltas en el fondo de mi mente. ¿Amargura? ¿Repulsión? Me levanté de un brinco apenas encontré con qué asociarlo, profundamente incomoda. Desarrollar la línea de pensamientos que comenzaba a tener era imposible, por lo que caminé en círculos hasta decidir que necesitaría más alcohol. Afuera el ambiente no había cambiado significativamente, daba la impresión de que esas personas podrían estar ahí por años, evadiendo la realidad, pero me costó localizar a alguien con bandejas. Terminé en la parte trasera de la casa, con las piscinas y los jacuzzis, donde se había reunido un pequeño grupo a fumar. Una vez terminaron la zona quedó desierta. Fue evidente de que no pensaban incluir este sector como parte de la fiesta, apenas si hay decoración. Tras acabarme dos copas más la idea de bañarme un rato resultó maravillosa, por lo que me quité todo menos el vestido e hice un montón irregular con mis pertenencias a la orilla. Seguía decidida a ignorar la razón de que mis nervios aun estuvieran crispados. Respiré hondo tras resurgir del agua, llenándome de la paz que he estado buscando. Justo entonces advertí el sonido de pasos, una ráfaga de viento trayéndome aquel olor tan desgraciadamente familiar a estas alturas. La mirada de Damon vaciló un instante sobre mis cosas dos segundos antes de ubicarme dentro de la piscina, entornando ligeramente los ojos. —¿Dónde estabas? Pensé en qué tan inmaduro sería no responder. —¿Por qué te importa? —Porque la última vez que bebiste apenas podías caminar sola. —Ya, bueno, aquí no va a pasarme nada. —Pues el riesgo sería menor sino creyeras que puedes nadar con media botella encima. Sal de ahí. —Ah, Damon, no vengas a decirme qué hacer. —Si no sales por tu cuenta me voy a ver en la obligación de sacarte. —¿Qué? —Si no te ahogas te va a dar un resfriado, y yo no voy a cargar con las consecuencias de eso. —Y no lo harás, porque no es tu asunto. Ya déjame en paz. Guardó silencio un momento, serio. Tras lo cual empezó a quitarse los zapatos, cada movimiento perfectamente calculado con lo que parecían matices de amenaza. Por supuesto que Damon se atrevería a meterse al agua si con eso logra fastidiarme, pero lo menos que me apetece en este momento es que me ponga una mano encima. Blanqueé los ojos, hastiada, antes de moverme a la orilla, impulsándome con los brazos para salir más rápido. —Que alguien lleve eso a mi habitación, iré a dormir—musité, apuntando levemente a mis pertenencias. Lo cierto es que no me provoca tomarlas gracias a lo cerca que están del castaño. Apenas hice el amago de marcharme Damon fue contra todos mis deseos, sujetándome de un brazo. Casi por inercia lo sacudí, liberándome. —No me toques. —¿Perdón? —Creo que entendiste perfectamente Él pareció genuinamente desconcertado. —Sí, pero no entiendo el desprecio ahora. —Tú… Sólo… me das asco. Eso ultimo me sorprendió incluso a mí, porque sí, era justo como se sentía, pero no lograba justificarlo. —¿Qué? —Eres un hipócrita. Tratas a Elizabeth como si fuera la peor persona en este planeta, ¿y luego te la besas enfrente de todos? De pronto pareció molesto. —Entonces tú no eres mucho mejor que yo. —¿De qué hablas? Damon terminó de acortar la distancia, tomándome de la mandíbula para obligarme a verlo a los ojos, estableciendo el contacto visual. Mi cuello quedó algo inclinado, las gotas frías deslizándose aún por mi cuerpo. —¿Me vas a decir que no te acuerdas de nada? ¿De verdad? —Suéltame, Damon. Comenzaba a tener escalofríos, y me aterraba profundamente que lo notara. Sé que no es por la brisa. —No, retráctate por lo que dijiste. El agarre se afianzó un poco más, pero sólo para intimidar. Le sostuve la mirada sin parpadear. —Suéltame. Tras dudar, finalmente lo hizo. Me apresuré a irme de allí en caso de que cambiara de opinión. Lo oí hablar detrás de mí. —Por supuesto que te acuerdas. Eso es lo que tanto te molesta; no eres mejor yo. Y puedes huir, Abigail, cambiarte el nombre si quieres, pero nunca podrás borrar lo que pasó… Ni lo que sentiste. Lo ignoré, pero de todas formas ya había empezado a llorar. Llevaba muy poco tiempo recordándolo, y era apenas un flashback difuso que me hizo pensar durante horas si acaso lo había soñado, pero Damon acababa de confirmarlo. La peor es que no me molestaba ser tan mala persona como él, sino haber sentido, por sobre todas las cosas, celos. —Feliz cumpleaños, Damon.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD