Sus manos recorrían con ansías mis piernas, mis manos tocaban la suave piel de su espalda y los pocos vellos que tenía en su pecho, mi mano derecha se deslizó por sus abdominales muy marcados y con mi tacto estos se hicieron aún más firmes, llevé mis manos a su trasero para confirmar si había algo allí y no me decepcionó nada de lo que toqué.
— ¿Te gusta? — preguntó haciendo referencia a lo que mis manos acababan de tocar, apreté de nuevo para darle una respuesta.
Sus manos se posaron en mis nalgas e hizo lo mismo que yo le había hecho.
— También me encantan — reí sobre sus labios.
Yo no tardé en quedar desnuda, mi bata fue rápidamente arrebatada de mi cuerpo.
Sus labios dejaron besos por la cara interna de mis muslos, comencé a retorcerme sobre el mesón, mis manos se perdieron entre su cabello para no dejar levantarse de allí, su dedo índice comenzó a subir a bajar lentamente sobre mi zona íntima, aún con mis pantis puestos, los corrió hacia un lado y movió mis labios, ese toque tan simple me había sacado un gemido gutural.
— Por favor — pedí desesperada.
Retiro mi Panti si titubear, y sin dejarme si quiera respirar sus labios se perdieron en mi cuerpo, su lengua se adentraba en mi y hacia movimientos inexplicables que me llevaban al cielo.
Su mano buscó la mía y entrelazó nuestros dedos mientras me enviaba al cielo. Mi cuerpo comenzó a vibrar avisando que el climax estaba cerca, paró haciéndome soltar un quejido lastimero que no duró mucho cuando sentí como su m*****o se clavaba en mí, mi espalda se retorció, sus manos tomaron mi espalda y me pegaron a su cuerpo, sus dientes y lengua comenzaron a jugar con mis pezones mientras sus caderas hacian vaivenes llenándome de placer, mis caderas se movían a la par de las suyas.
Abracé sus nalgas con mis piernas.
— Más rápido, más rápido — pedí entre gritos, sus vaivenes fueron mucho más rápidos y en pocos segundos los dos estábamos llegando al climax, salió de mi y me acabo en el abdomen, justo en ese momentos, mientras aún estábamos jadeando, el pitido del horno sonó anunciando que el pastel ya estaba listo.
— Feliz cumpleaños — beso mis labios castamente.
— Gracias — tomó una servilleta de la cocina y limpio los restos de su corrida en mi.
Luego apagó el horno y mientras yo pensaba en todo lo sucedido.
Porque nunca me imaginé que tendría sexo con un extraño que había tocado a la puerta de mi casa, y no estaba preparada para lo que pasaría los siguientes días.
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La noche transcurrió con normalidad, de veces en cuando su cuerpo rozaba el mío y sentía fuegos artificiales en mi estómago, Jimmy se notaba mas relajado, decoramos el pastel con fresas y comimos.
— Es el mejor pastel que he comido en mi vida — gimió con la cuchara aún en su boca.
— Hicimos un gran trabajo — su sonrisa creció a medio lado, tocó mi frente con uno de sus dedos.
— No tengo palabras para agradecerte esto, soy tan feliz en este momento, es que no creí que un simple pastel pudiera ser responsable de mi felicidad — sonreí con ternura — Bueno, no un simple pastel, el mejor pastel de la vida.
— Gracias por el mejor sexo de toda mi vida — escupió un poquito del pastel y soltó una fuerte carcajada.
— Es verdad, ahora ya no sé si prefiero el pastel o a ti — muro un pedazo de pastel en la cuchara — o el pastel en ti.
Sin esperarlo un pedazo del pastel estaba en mi cuello y sus labios fueron en busca de este, sus labios se perdieron en mi cuello y mis dedos en su cabello.
Por dios, podría hacer esto toda la noche y si que lo haría.
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La mañana siguiente desperté en mi cama con la cabeza de Jimmy en mi pecho, ambos estábamos dormidos y a esta hora los pájaros ya empezaban a cantar haciendo compañía a los suaves ronquidos de el guapo hombre que me había llevado a un viaje de placer durante toda la noche.
Hace bastante tiempo no tenía sexo que ya no recordaba que en vez de despertar cansada por tantos movimientos, había despertado tan relajada.
Salí de debajo del cuerpo de Jimmy sin despertarlo, corrí al baño como Dios me trajo al mundo, hice mis necesidades, cepille mis dientes, lave mi rostro e hice algunas sentadillas sintiendo un poco de malestar en mi zona, total hace bastante no la invadian de forma tan deliciosa.
Abrí el grifo y entre a la ducha, el agua tibia abrazo mi cuerpo, me bañe rápidamente, no quería llegar tarde a mi primer día de trabajo y no estaba segura de cómo iban a estar las calles en este momento después de la nevada de anoche, los autos que limpian la nieve siempre comenzaban a trabajar desde muy temprano, y al despertar había visto mucha luz, esperaba que él día estuviera caliente.
Sequé mi cuerpo con una toalla, deje mi cabello suelto para que se secara al natural y luego poder pasarme la secadora, me gustaba el efecto que me dejaba.
Aplique crema corporal con olor a durazno por todo mi cuerpo, me puse un conjunto de ropa interior color n***o de encaje, siempre andaba en ropa interior en mi casa, era un vicio que tenía desde el primer día que comencé a vivir sola, era la manera de sentir este espacio totalmente mío y podía hacer lo que quisiera sin que nadie me dijera nada.
Cuando la puerta se abrió de improvisto brinqué del susto y cubrí mi cuerpo como pude.
— Buenos días — la voz adormilada de Jimmy me saludó.
— Me has dado un susto horrible, — Jimmy entró al baño, bajo sus boxers y comenzó a orinar — Vaya, no sabía que ya teníamos tanto nivel de confianza.
— Lo siento, no pensé que te molestara — subió rápidamente sus boxers.
— No me molestó, solo se me hizo raro pero no lo pienses mucho.
— Está bien, por el momento no lo volveré a hacer.
Besé su mejilla y salí de la habitación, su mano dió un apretón a mi trasero y luego un pequeño golpe.
— Eres tan hermosa. — reí tímidamente.
Jimmy se quedó en el baño mientras yo terminaba de arreglarme, preparé un desayuno rápido, un bowl de frutas, jugo de naranja y tostadas.
Jimmy salió bañado, su cabello mojado pegado a su frente casi tapando sus ojos. Sus dedos abotonaban su camisa.
— Ya recogieron mi carro, me hubiera encantado llevarte a tu primer día de trabajo pero bueno, será para la próxima.
— No pasa nada, tengo auto — hizo una mueca con sus labios y asintió — si quieres te llevo yo a tu trabajo.
— No te preocupes, ya vienen por mi — escuchamos un claxon sonar — debe ser mi amigo.
Se acercó a mí, lo ví dudar de como despedirse, me acerque y bese su mejilla.
— Feliz cumpleaños.
— Gracias — sus ojos me miraron intensamente — por todo.
Tomo su saco y salió de mi casa. Escuché el motor de un carro arrancar e irse muy lejos, suspiré, aún no me creía que había pasado la noche con semejante dios griego, no habíamos intercambiado números de teléfono, solo sabía su nombre, me gustaría verlo de nuevo, y aunque yo tuviera más difícil encontrarlo, solo esperaba que él sí me buscará de nuevo.
Que de nuevo tocara a la puerta de mi casa.