Un horno y algo más... Caliente

1513 Words
Una ronca carcajada llegó a mis oídos. — Eres muy hermosa para ser una anciana y está bien, ahora por favor dime qué tiene de especial este chocolate. Sus codos se apoyaron en el mesón y su cuerpo se inclinó para estar más cerca al mío, su mirada era muy profunda, mis ojos parecían no querer alejarse de ese musculoso cuerpo. —Yo le pongo una pizca de amor— su sonrisa ladeada me hizo sonreír — también le pongo un poco de canela y Maizena para que se haga más espeso, así me gusta y hay otro que no te lo diré, receta de la abuela. — Eres muy mala, algún día podré sacarte el secreto de la abuela. — Umm no creo que eso pase — ambos reímos. — Cuéntame un poco de ti, sé que eres una mujer muy amable y que le gusta ayudar a los hombres varados en medio de la lluvia, pero que más me puedes decir. — Eso sonó feo, — solté una pequeña carcajada. — Oh lo siento, no quise decir eso — me rei aún más fuerte. — No te preocupes, entiendo tu punto — un fuerte trueno se escuchó, me estremecí. — Y mmmm, hago unas cuantas cosas por aquí y por allá —, lo miro esperando que me diga algo como ya sé o así, pero realmente parece no reconocerme y no sé porque me siento bien, es como si justo ahora pudiera ser yo misma y no tener que pretender ser la misma miss perfección como casi todos los días de mi vida. —Ayudo con la publicidad de varias marcas y poco más. —Pues genial, siempre he admirado el trabajo que hacen los de publicidad, pero jamás había hablado con una publicista. — ¿Y qué me cuentas de ti? —Soy abogado de una pequeña empresa, nada divertido como lo tuyo, es monótono, aburrido, lleno de papeleo y juicios por aquí y por allá… — Eso no suena muy bien — negué con mi cabeza, él me imitó. — No, pero me gusta, es un buen trabajo y aunque no lo creas, disfruto mucho estar en las cortes. — Eso es lo importante, que a ti te guste y seas apasionado por ello — escuchamos sonar la alarma de varios carros, me asomé a la ventana que daba a la calle, escuché sus pasos tras de mí. Al abrir las cortinas ví con horror como una fuerte ventisca azotaba los árboles, una rama había caído sobre dos autos y una tormenta de nieve comenzaba a caer. — Mmm creo que te tendrás que quedar más tiempo en mi casa, no podrán llevarse tu auto con esta tormenta. Suspiro detrás de mí. — Entonces espero que mi presencia no te incomode. Volvimos a la cocina a tomar un poco más de chocolate. Sería una noche muy larga. — ¿Vives por acá cerca? — negó con su cabeza — Entonces puedo saber a porque razón estabas por acá. — Tuve un día muy estresante, salí a recorrer las calles de la ciudad, fue acá en dónde mi carro decidió no funcionar más. — ¿Problemas en el trabajo? — pregunté curiosa, era una de mis mejores habilidades o defectos. — Varios — asentí comprendiendo. Froté mis brazos, el frío había descendido mucho, me levanté y fui directo al regulador de temperatura para subir la calefacción. — ¿Estás bien? —Yo no sentía frío, ahora sí que mucho calor, desabrochó su camisa dejando ver un poco de su pecho. — Soy muy friolenta, cualquier viento medio frío ya me hace temblar — reí un poco. — A mi me pasa es con el calor, medio siento que me asfixió y ya quiero que sea invierno nuevamente. — Y yo soy alérgica al frío. — Oh, eso es demasiado triste, me hubiera gustado conocer el Everest contigo — negué con miedo. — Tu lo que quieres es matarme, ya me di cuenta — me sonrió pícaramente. — Si eso quisiera ya lo habría hecho — guiño uno de sus perfectos ojos, recogí mi cabello. — Creo que le subí demasiado a la temperatura, — comenté, al ver su expresión supe que mis palabras se habían malinterpretado. — Es que tienes mucha ropa — frunció los labios — Lo siento, no debí decir eso. — ¡No pasa nada! Siento que estoy hablando con un anciano a veces — lamió sus labios quitando un rastro de chocolate. — Soy muy joven — hizo un puchero. — No me dijiste cuántos años tienes — tomé el último sorbo de mi chocolate caliente. — 28, bueno, ya casi cumplo 29 muy pronto. — ¿Te harán fiesta de cumpleaños? — negó con su cabeza. — Mi familia está lejos, no tengo muchos amigos acá así que no creo tener una fiesta, estoy seguro de que mi mejor amigo me llevará a alguna discoteca como todos los años — rodó sus ojos. — Ohh, si no quieres ir quizás puedas volver, no soy muy buena cocinando pero puedo hacerte un pastel. Se quedó en silencio por un rato, mordí mi lengua, ya la había cagado, seguro él solo quería salir de mi casa y no volver a verme nunca más, rasqué una de mis cejas con incomodidad. — Me encantaría — lo miré sorprendida. — ¿En serio? — Claro que sí, hace mucho tiempo no me hacen un pastel de cumpleaños, me hace mucha ilusión, te prometo que ese día estaré acá. — ¡Genial! ¿Y qué día es? — hice la pregunta más importante. — Mañana — abrí mi boca sin poder creelo. — ¡Tenemos que hacerlo hoy! — Te ayudo entonces. Abrí la despensa y comencé a buscar los ingredientes necesarios, agradecí el haber ido ayer de compras porque tenía todo lo necesario. — ¿Chocolate, vainilla, o alguna fruta? — Chocolate con fresas. — Me gusta, quedará delicioso. Puse en el mesón harina, huevos, leche, chocolate para derretir, varias fresas, esencia de vainilla, azúcar y polvo para hornear. Le fui indicando a Jimmy lo que tenía que hacer, lo puse a revolver los ingredientes en polvo primero mientras yo derretia el chocolate ya que necesitaba más atención para no quemarse. Cuando mire a Jimmy lo ví con su camisa, brazos y una de sus mejillas llenas de harina. — ¿Tuviste una guerra sin mi? — soltó una carcajada viéndose en el reflejo de una cuchara. — No preguntes cómo pasó porque ni yo mismo lo sé. — No lo haré — acerqué mi mano a su mejilla y limpie la harina de allí. — Gracias. Sonreí y seguí batiendo suavemente el chocolate, escuchaba la respiración agitada de Jimmy lo que me causaba demasiada risa, él se veía atlético pero amasar lo estaba agitando demasiado. — ¿Es acaso eso un trabajo muy duro para tu hombría? — Por favor, mira como lo hago de bien. — Estás sudando. — Si bueno, créeme que no es por estar amasando — enarque una de mis cejas. — ¿Entonces por qué es? — solo guiño un ojo y no dijo nada. Agregué mi mezcla a la harina y ambos comenzamos a batir, Jimmy tenía su pecho casi que apoyado en mi espalda, podía escuchar y sentir su respiración, mis movimientos comenzaron a ser torpes, Jimmy colocó su mano sobre la mía y comenzó a batir con suavidad, su nariz rozaba mi mejilla suavemente. Cuando ya estuvo la mezcla bien batida y no había excusa de seguir en esa posición, metí la mezcla en el recipiente para meter al horno. Ya lo había recalentado así que, Jimmy con seguridad metió el pastel al horno, cerró la puerta y el tiempo comenzó a contar. — En unos 20 minutos lo tenemos listo. Crujió su cuello y sus hombros, eran tan anchos, la camisa se pegaba tanto a su cuerpo, lo miré de arriba hacia abajo, me superaba por almenos dos cabezas o un poco más, fui consciente de que mis ojos se dirigían hacia zonas indebidas de su cuerpo, cuando lo miré, me dí cuenta de que sus ojos también estaban perdidos en mi cuerpo, lamió su labio inferior mirando mi pecho, solté un suspiro que me salió del alma y hasta me sorprendió a mi. Sus ojos grises se encontraron con los míos y de forma coordinada nos acercamos, nuestros labios se encontraron al instante, sus manos bajaron a mis muslos y me levantaron, mis nalgas se apoyaron en el mesón de la cocina mientras sus labios se perdían en mi cuello, mis brazos abrazaban su gran espalda y mis uñas recorrían la tela de su camisa, fui quitando los botones restantes para quitarle su camisa, él me ayudó con ello mientras yo retiraba mi camisa, sus manos amasaron mis pechos que aún estaban cubiertos con un top de ejercicio, mi boca se entreabrio un poco y solté un gemido, sus labios volvieron a mi boca, su lengua se adentro buscando la mía y comenzaron un baile sin fin.
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