Esas cuestiones de amor nunca eran para mi, siempre había un problema en mi parte, creí que no estaba diseñada para eso del amor, aunque lo intentara mil y un veces, yo jamás ganaba. Ni a los cinco años con mi primer amor, me enamoré de mi vecino y aunque intenté mil veces que saliera a jugar conmigo, nunca lo hizo; pero ahí no dejé de creer en el amor, ni los años posteriores a eso. En mi adolescencia fui lo bastante fea y gorda como para que los chicos de mi clase me voltearan a mirar.
Mi primer beso fue a los doce años en el típico juego de la botella y aunque yo fui lo bastante feliz porque besé a Federico Ortega, él terminó doblandose y vomitando frente a mi… Fue un golpe bastante grande a mi ego, pero aún así seguí intentando triunfar en el amor.
A los quince años creí que alguien por fin me querría, él era un chico de dieciocho años que vino de vacaciones desde Francia, su país natal, y aunque tuvimos nuestro romance de verano, no fue suficiente y no lo volví a ver nunca más. Fue la primera vez que me rompían el corazón y vaya que dolía… Dolía mucho.
A mis diecinueve años, cansada de toda esa situación, decidí que era hora de cambiar algo, me hice adicta de la vida fitness, dejé la comida chatarra, quité mis brackets, arreglé mejor mi cabello y aprendí a vestir mi cuerpo de manera favorecedora mente y presa de la presión social, perdí mi virginidad una noche de borrachera con no sé quién… Porque fui tan idiota y estaba tan alcoholizada que no recuerdo que sucedió esa noche, solo tengo pequeños flashbacks que llegan de un hombre sobre mi, gimiendo y de cabello n***o… No recuerdo nada más.
Después de eso me sentí muy estúpida y entendí que tenía que sacar de mi cabeza la idea del amor, entender que eso no fue hecho para mí y dedicarme a otras cosas.
Así que comencé a estudiar publicidad, seguí entrenando muy fuerte día a día y conseguí abrirme un puesto como modelo fitness de mi ciudad. ¿Llegaron hombres? ¡A montones! Pero ahora, yo era la que ya no aceptaba a nadie.
El único hombre que entraba y salía de vez en cuando era mi mejor amigo, con el cual tengo una relación abierta y en donde solo es sexo, nos amamos como amigos y disfrutamos mucho del placer que nos damos mutuamente, pero no somos exclusivos y tampoco sentimos nada por el otro. Es algo que nos ha funcionado desde hace dos años.
Recién llegaba de una sesión de fotos para una nueva proteína nutricional que fue tomada en el centro de la ciudad, el día estuvo muy lluvioso y como no lleve paraguas, llegué empapada a mi casa, me metí a la ducha para darme un corto baño y no resfriarme, pero a mitad de este la puerta de mi casa siendo golpeada repetidas veces me hizo terminar mi corto baño y salir a ver quien era el o la pesada que golpeaba con tanta fuerza a mi pobre puerta.
—¡Ya voy! — grité para que quien estuviera detrás de la puerta dejara de tocar con esa tal desesperación.
Al abrir, lo primero que ví fue a un hombre muy alto, de unos 28 años o quizás un poco menos, vestía un traje formal color azul oscuro, corbata n***o y estaba empapado. Su oscuro cabello se escurría por su frente y respiraba agitadamente.
Me cubrí un poco más con mi toalla, no esperaba abrir mi puerta a semejante hombre, ahora me arrepentí mucho de estar en tan poca ropa o mejor dicho, estar solo en toalla.
—Disculpe molestarla a esta hora, pero mi carro se ha quedado varado a una cuadra, robaron mi teléfono y necesito llamar a alguien para que me ayude, ¿Puede usted dejarme utilizar su teléfono?
Abrí y cerré mi boca repetidas veces.
—Perdone las molestias.
El hombre dio media vuelta y comenzó a bajar los pocos escalones de la entrada de mi casa.
—¡Espere! —el hombre dio media vuelta y me miró. — Claro que puede, solo me tomo desprevenida.
El hombre sonrió agradecido y subió de nuevo, me hice a un lado para dejarlo pasar.
Señalé la pequeña mesa en donde estaba el teléfono inalámbrico sobre su base.
—Llame a quien tenga que llamar. —Asintió y tomó el teléfono, sus manos eran tan grandes que el aparato por poco y desaparecía en una de ellas.
Corrí a la cocina a preparar un poco de chocolate caliente, lo escuchaba hablar con alguien pidiendo una grúa para su auto, me pidió la dirección de mi casa para ubicar a la persona con la que estuviera hablando, se la di sin ningún problema.
Mientras esperaba que el chocolate estuviera listo y escuchaba como el guapo hombre llamaba a alguien más, tomé mi celular y entré al grupo de w******p que tenía con mis amigas.
"Necesito que comiencen a hacer apuestas de lo que creen que acaba de suceder" ~Isa.
"¿Conociste al amor de tu vida?" ~Roxie.
Reí al leer ese mensaje.
"¿Encontraste la solución para la hambruna mundial?" ~Leo.
"¿Recuperaste los tacones que me extraviaste?" ~Ines.
Rodé mis ojos con una sonrisa, mis amigas son un caso, cada una más diferente a la otra y por eso creo que encajamos tan bien.
"Ninguna de las anteriores, malas brujas" ~Isa.
—Muchas gracias por dejarme usar el teléfono, ya he hecho todas las llamadas que necesitaba, es usted una mujer muy amable, digame cuanto debo pagarle por el favor.
Solté una pequeña risa al escuchar a mi inesperado invitado, lo miré con una ceja enarcada, su cabello seguía húmedo y ahora estaba hecho un desastre hacia arriba, como si hubiera pasado las manos varias veces por esas hebras oscuras.
—No es nada, me gusta ayudar a las personas y fue con mucho gusto.
Me di cuenta en ese momento que seguía en toalla y con las mejillas sonrosadas caminé hasta el lavadero, literalmente a tres pasos de dónde estaba y tomé una bata que me coloqué rápidamente y otra toalla más pequeña para que pudiera secar su cabello.
—Muchas gracias, de verdad. Yo me retiro de una vez.
—Espere, estoy preparando chocolate caliente, con este frío le sentara muy bien.
—A un chocolate caliente no me puedo negar. —Respondió con una linda sonrisa que devolví.
Lo examiné un poco mejor mientras él secaba su cabello de una manera muy masculina y sexy, comenzó a quitarse el saco del traje y la camisa se le pegaba demasiado sensual a los músculos de su brazo.
—Sientate, por favor.
Él dudo un poco, pero una mirada de mi parte lo hizo sentarse, volví a reír un poco mientras comenzaba a servir el chocolate en dos tazas.
El clima fuera de casa seguía completamente horrible, la lluvia caía con bastante intensidad contra los vidrios de las ventanas y una ráfaga de viento me puso a temblar.
—¿Qué fue lo que le pasó a tu carro y cómo es que acabaste sin celular? —pregunté luego de varios minutos en un inquietante silencio.
—El motor del auto comenzó a fallar —empezó a decir mientras sostenía la taza, que claramente era nada a comparación de sus manos, —comenzó a soltar mucho humo y cuando me bajé a revisar comenzó a llover muy fuerte, dos hombres en una moto me comenzaron a ayudar, pero resultó que les servía más robarme mis pertenencias a intentar ayudarme.
La frustración en su voz era bastante notoria y más ante el hecho de verlo pasar sus manos por el cabello, ya más seco que antes, con bastante irritabilidad.
—Lo siento mucho, últimamente la seguridad es un asco.
—Y amm… —Carraspee mi garganta —¿Cuál es tu nombre? —Pregunto mientras doy el último sorbo de mi chocolate caliente.
— Soy Jimmy, es un placer conocerla… —su mano se extiende hacia mí y yo con muchas ganas le doy un apretón de manos y dios… son gigantes.
«No fantasees, no fantasees»
—Isabel.
Tal vez él ya lo sabe, digamos que soy un tanto "famosa" mi cara está en muchas vallas de publicidad por toda la ciudad y el país. Aún así, tal vez mi falta de maquillaje y mis fachas no lo hacen ver que yo soy Isabel González…
—Bueno Isabel, tengo que decirle que usted hace un chocolate increíble, es delicioso.
—¿Quieres más? —digo, pero no espero una respuesta y ya estoy de pie sirviendo más en su taza, él sonríe un poco dejando ver qué tiene un sexy hoyuelo en su mejilla.
Lo veo dar el primer sorbo y la sonrisa se incrementa.
—De verdad, es demasiado bueno —habla con los labios untados de chocolate, muerdo mi labio inferior.
—Tienes chocolate… amm — señaló su labio, veo como su lengua rosada sale y lame el chocolate que ha quedado en sus labios y mi boca se abre un poco más.
Jadee al verlo, sus perfectos labios sexys son lamidos de manera lenta limpiando todo rastro de chocolate, lamí mis propios labios, eso fue lo más sexy que ví el día de hoy y fantasee con ser yo quien lamía esos gruesos labios.
— Tiene que darme la receta, es el mejor chocolate caliente que he probado en mi vida, por favor, comparta ese secreto conmigo.
— Solo con una condición, Jimmy.
— Usted dirá.
— No me trate de usted, me siento muy mayor usando recetas pareceré una anciana.