En la clínica, los médicos hicieron verdaderas maniobras y pudieron estabilizar a Ariel, y si bien él se encuentra en cuidados intensivos, el pronóstico no es bueno, pero es alentador. No hemos hablado con él todavía, pero el doctor, cabecera del cuerpo médico, nos comentó que, en lo poco que pudieron dialogar con Ariel, sus balbuceos lo sindicaban a usted, señor Funes, como el autor, y él sólo repite una y otra vez, no se sabe si consciente o inconscientemente, que su papá fue el que lo empujó al vacío. — Doctor Cáceres, ¿cómo puede creer que yo le he hecho una cosa semejante a mi hijo? — interrumpió Leandro, pero de inmediato fue silenciado con altura y con respeto de parte del detective. — Señor Funes, nadie está creyendo nada, o, ¿acaso yo he dicho que creo fervientemente en ese te

