CAPÍTULO SIETE —El trato no es posible. Keaton estaba sentado en la oficina de la senadora del Estado Ginger Chase. La guapa rubia miraba la pantalla de su ordenador. Los dedos le volaban por el teclado como si persiguieran a un insurgente que se interponía en su camino. Pero la atención de Keaton estaba puesta en la preciosa morena que tenía al lado. Brenda Vance había cambiado sus vaqueros y camiseta por un par de vaqueros mejores y una blusa. Estos pantalones eran azul más oscuro y combinaban muy bien con su piel bronceada. La blusa, abotonada hasta arriba, todavía dejaba ver su cuello, lo que provocaba que a Keaton se le secara la boca. Fueron a la ciudad en su vieja pick-up Ford. El aire acondicionado funcionaba, así que subió las ventanillas y puso la radio. Había sido lo mejor.

