A la mañana siguiente me sacaron de la celda, dejaron que me aseara un poco y me llevaron a una pequeña oficina, no sabía que querían de mí, ya lo había dicho todo, el problema era que no sabía si me creían. Aun con todos los problemas que tenía no dejaba de pensar en Markus, en como disparó al rey en la cabeza por encima de mí, sabía perfectamente donde apuntar, no todo el mundo podía hacer eso sin que le dispararan primero. Mientras pensaba en mi destino, en que mis sueños se habían ido al garete, en el mal rato que le haría pasar a mis padres cuando se enteraran, en que no me arrepentía de lo vivido con Markus, porque a pesar de todo y contra todos, lo que hicimos fue de verdad. Levanté la cabeza y entonces lo vi. Venía hacia mi acompañado de dos hombres más, todos vestía

