Había pasado una semana de mi estadía en Estambul. Markus y yo cada día estábamos más unidos, el sexo era siempre mejor, en ese aspecto no teníamos ningún problemas, nos gustaban las mismas cosas, nos ejercitábamos juntos cada mañana, bueno… algunas veces solo usábamos las máquinas para nuestro placer. Markus se iba cada mañana a la oficina vestido de Versace. Era un hombre impresionante, yo me quedaba anonadada mirándolo desde la cama. Cuando se iba yo aprovechaba para dibujar y ampliar mi carpeta de bocetos, otras veces hablaba con Nahia quien sentía un gran cariño por el capo, ella no se imaginaba lo que hacía, pensaba que era un corderito de Dios y me pedía no hacerle daño. A mis padres les quedaba poco más de una semana para terminar su crucero, rogaba para que la policía

