Aún quedaban restos del orgasmo en mi cuerpo cuando sentí como entraba con su pene erecto y grueso. Su pene entraba y salía de prisa, mientras a lo lejos escuchaba trozos de Sadeness que salía por los altavoces. Mis tobillos y mis manos seguían atada, mis ojos cubierto por el antifaz, todo lo que hacía era sentir. Cuando tienes inactivo algunos de los sentidos, otros se agudizan mucho más, porque nunca había sentido lo que estaba experimentando. Estaba de pie embistiéndome, pero en algún momento salió de mí y me quedé vacía. –Markus no… –Ya va pequeña, quiero probar otras cosas. Relájate. Me puse a la expectativa cuando escuché que abrió un cajón, mi cerebro volvió a agudizarse, no sabía con que saldría ahora. Se acercó me besó los labios obscenamente y froto mis pezones

