NARRA FABIEN El choque de su palma contra mi rodilla resonó por toda aquella sala silenciosa y reluciente, llamando la atención de las otras personas que había alrededor, esperando entrar a su cita. —¡Por Dios, Fabien, vas a volverme loca! —exclamó la princesita, tratando de detener mi pierna que no dejaba de moverse, inquieta. Chasqueé la lengua y me puse en pie. Comencé a caminar de un lado a otro y la escuché resoplar con fastidio. Miré la hora en mi reloj de pulsera. Todavía faltaban quince largos minutos para que vinieran a llamarnos y yo ya estaba completamente desesperado. Quería saber si era niño o niña, y eso me estaba carcomiendo la paciencia. Me detuve y regresé a donde la princesita estaba sentada. —¿Crees que si los amenazo con mis pistolas se apresuran? —Fabien, no tod

