NARRA FABIEN Agregué cuatro cucharadas de café molido en la prensa francesa y luego vertí el agua hervida. Ella pasó detrás, dizque para coger la sal que le iba a echar a nuestros huevos benedictinos, y aprovechó para rozar sus tetas en mi espalda. —Permiso —murmuró. Ladeé una sonrisa y removí suavemente los posos del café antes de dejarlo reposar durante unos minutos. Me giré, para poner a tostar pan en la tostadora y ella volvió a pasar. Extrañamente, esta vez pasó dándome la espalda y restregó su culo contra mi v***a. Me reí con más ganas y me mordí el labio inferior. Sus métodos de seducción eran tan inocentes, poco prácticos y obvios, pero igual me excitaban y estremecían mi polla a tal grado que las pelotas ya me dolían de tanto soportar las ganas. Mi mano ya no me era suficient

